Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

¿Por qué es importante saber identificar y expresar emociones adecuadamente?

Las emociones nos proporcionan información importante sobre lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, sobre cómo nos afectan los eventos externos y qué significado tienen para nosotros. Las emociones también nos informan sobre cómo nos afectan los eventos internos, ya sean pensamientos o reacciones fisiológicas. De esta forma, las respuestas emocionales a eventos externos e internos se convierten en guías que nos orientan a la acción, nos disponen a actuar de una u otra manera, nos indican qué hacer dependiendo de la emoción que estemos sintiendo.

Si no sabemos identificar adecuadamente las emociones que sentimos, es muy probable que tengamos dificultades para gestionar nuestros sentimientos, reflexionar sobre porqué nos sentimos de esa manera y sobre qué tenemos que hacer para cambiar nuestro estado emocional. Por eso, es muy importante que sepamos identificar las emociones que estamos sintiendo y que sepamos identificar a qué pensamientos están asociados, de forma que podamos tomar decisiones para gestionar nuestras emociones y dar respuesta a la situación a la que nos enfrentamos.

Las habilidades de identificación y expresión de emociones se han de favorecer en la infancia para que los niños desarrollen un sistema emocional que les permita una adecuada gestión y manejo emocional. Sin embargo, estas habilidades a veces no se han desarrollado adecuadamente durante esa etapa de la vida y podemos encontrar adultos con dificultades para identificar, expresar y gestionar sus emociones. En ocasiones, las personas con estas dificultades sólo pueden determinar si están “bien”, “regular” o “mal”, pero no saben identificar exactamente que emoción están sintiendo. En otras ocasiones, pueden diferenciar entre emociones básicas (como alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa), pero tienen dificultades para ser más específicos con estados emocionales más complejos.

A continuación, se describen algunas herramientas y recursos que pueden ser de gran ayuda para desarrollar estas habilidades de identificación y expresión de emociones. Todas ellas se pueden utilizar con adultos, y algunas de ellas, con los más pequeños, dependiendo del nivel de desarrollo emocional que tengan.

Rueda de emociones

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

La Rueda de las emociones es un recurso muy útil y sencillo para ayudar a identificar y nombrar emociones. Esta rueda es una circunferencia compuesta por el nombre de diferentes emociones, las cuales están categorizadas partiendo de emociones básicas, en la parte interior del círculo, a emociones más específicas y complejas, en la parte exterior del círculo.

La Rueda de las emociones proporciona un vocabulario rico y concreto para identificar y nombrar emociones. En ocasiones, es necesario profundizar en el significado de las emociones más específicas para aprender a diferenciar entre emociones parecidas pero distintas dentro de la misma categoría emocional (por ejemplo, diferencias entre estar apático/a o indiferente).

Junto con el nombramiento y descripción de la emoción sentida, es importante que también se identifique en qué parte del cuerpo se localiza esta emoción y como se siente (por ejemplo, “cuando me siento furioso noto que se contrae mi frente y lo siento en la cabeza y en el pecho”; “cuando me siento asustado lo noto en la boca del estómago”). Identificar la parte de cuerpo donde se siente la emoción ayuda en el proceso de identificación de las emociones.

A su vez, es importante que investiguemos sobre los pensamientos y comportamientos asociados a esa emoción, para que entendamos el por qué de las emociones que sentimos y cómo influyen en nuestra manera de pensar y de comportarnos, y viceversa.

Tabla periódica de las emociones

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

La Tabla periódica de las emociones es una herramienta similar a la rueda de las emociones, que tiene el mismo objetivo: ayudar a identificar y nombrar las emociones. En este caso también encontramos diferentes categorías emocionales con formato de tabla periódica, que a su vez se subdividen en emociones más específicas.

Este recurso es recomendable cuando las capacidades de identificación y nombramiento de emociones son algo limitadas. En ese caso, quizá sea más útil comenzar por utilizar la tabla periódica en vez de la rueda de las emociones, ya contiene menos emociones, y éstas son de menor complejidad que las que encontramos en la rueda.  

Al igual que hacíamos con la rueda de las emociones, parte del proceso de identificación y nombramiento de las emociones implica la localización de la emoción en el cuerpo, y el explorar los pensamientos y comportamientos asociados a la emoción.

Libro “Emocionario” de Cristina Núñez

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

El Emocionario es un libro donde se presenta la descripción y representación gráfica de una gran variedad de emociones y sentimientos. Este libro puede considerarse un diccionario emocional.

Es un libro muy útil para aprender a identificar emociones de forma adecuada, pues no sólo describe los diferentes estados emocionales, si no que también ayuda a distinguirlos exponiendo como se relacionan unas emociones con otras y explicando de forma sencilla las posibles causas de la emoción sentida.

Este libro está dirigido principalmente a la población infantil. Sin embargo, es un recurso muy útil también para personas adultas que tienen dificultades para identificar sus emociones. Por tanto, este libro es muy recomendable para cualquier persona que intervenga en la educación infantil (e.g., padres, profesores, etc.), y para personas adultas que quieran profundizar y mejorar sus capacidades de identificación emocional.

La sencillez y concreción con la que se describen las diferentes emociones hace que este libro sea una herramienta de cabecera para el trabajo con la identificación y expresión emocional, tanto dentro como fuera de terapia.

Libros “El laberinto del alma” y “Diario de emociones” de Anna Llenas

El laberinto del alma es otro libro de referencia para la identificación de emociones y sentimientos. Este libro, al igual que el Emocionario, también es considerado un diccionario emocional, pero a diferencia de este, El Laberinto del Alma está dirigido a población adolescente y adulta, pues se describen sentimientos de mayor complejidad emocional (por ejemplo: vínculo, empatía, abandono, toxicidad, ceguera emocional, etc.).

Especialmente interesantes son las representaciones gráficas que acompañan la descripción de cada una de las emociones/sentimientos que se presentan en el libro, pues captan de forma muy precisa la esencia de la emoción descrita.

La representación gráfica de las emociones es un recurso muy importante para ayudar a desarrollar las capacidades de identificación y expresión de emociones, pues en muchas ocasiones, tiene mucho más poder a la hora de transmitir lo que la persona está sintiendo, que únicamente la identificación y nombramiento de la emoción.  

Y es precisamente la representación gráfica de las emociones lo que se trabaja en el libro Diario de emociones. Este libro está compuesto por diferentes ejercicios orientados a la identificación y expresión emocional, entre los cuales podemos encontrar ejercicios para conectar con diferentes emociones para después dibujarlas (e.g., “escucha una canción triste y déjate llevar” expresando gráficamente como te hace sentir); ejercicios para localizar la parte del cuerpo donde sentimos diferentes emociones y colorearlas con el color que represente para nosotros esa emoción; ejercicios para la expresión de nuestros miedos; etc.

La expresión emocional a través de dibujos, imágenes y colores además de facilitar la identificación de emociones también es una herramienta terapéutica de gran valor en el proceso de gestión y canalización de emociones. Por tanto, el Diario de emociones es un libro muy recomendable para explorar nuestro mundo emocional y nuestra forma de expresar lo que sentimos.

Cartas Dixit

Herramientas para la identificación y la expresión de emociones

El dicho común “Una imagen vale más que mil palabras” es especialmente aplicable en el caso de la expresión emocional, pues en ocasiones las imágenes pueden captar el mundo emocional de manera mucho más precisa que las propias palabras. 

En ocasiones es difícil poner en palabras lo que estamos sintiendo, pues es posible que no sepamos que estamos sintiendo o no contemos con un adecuado vocabulario emocional para describir la complejidad de nuestro mundo emocional. Por ello, las cartas del juego de mesa Dixit pueden ser un gran recurso para ayudar a desarrollar o mejorar las capacidades de identificación y expresión emocional.

Estas cartas están compuestas por una gran variedad de imágenes, las cuales además de ser tener un gran valor estético, son cartas muy simbólicas y con mucho detalle, por lo que son muy útiles para representar la variedad y complejidad de los estados emocionales, incluso de representar los pensamientos asociados a esas emociones.

Evidentemente, el significado que cada persona atribuya a cada imagen es subjetivo; es decir, una imagen puede representar una emoción o emociones para una persona, y representar otras emociones completamente diferentes para otra. Por eso es muy importante utilizar esta herramienta de forma que la persona pueda expresar lo que significa para ella. Especialmente importante, para la mejora de la identificación y expresión de emociones, es que se exploren los pensamientos y comportamientos asociados a las imágenes de las cartas.

Es muy recomendable combinar el uso de las cartas Dixit con la rueda de emociones o la tabla periódica de las emociones, para que, partiendo de las imágenes representadas en las cartas, se vaya desarrollando la capacidad de identificar, nombrar y diferenciar las emociones que se están sintiendo.

Por tanto, el uso de las cartas Dixit es especialmente útil para personas que tiene dificultades para identificar que emoción están siendo, o para aquellas personas cuya diferenciación entre emociones sea muy básica.

Dibujos, collages y plastilina

Otros recursos para la identificación y expresión de emociones pueden ser la realización de dibujos, collages o la representación de las emociones con plastilina. Estos recursos son muy interesantes como medio para dar forma y externalizar el mundo emocional, y como un medio de gestión y canalización de emociones.

El uso combinado de las representaciones gráficas con otros recursos de nombramiento de emociones, como la rueda de las emociones o los diccionarios de emociones, puede ser de gran ayuda para mejorar las capacidades de identificación y expresión emocional. Al igual que hacíamos con otras herramientas, es muy importante explorar los pensamientos y comportamientos asociados a las emociones, e identificar la parte de cuerpo donde se localizan.

Las herramientas y recursos descritos pueden ser utilizados tanto por terapeutas y otros profesionales (profesores, educadores, etc.), así como cualquier persona que quiera mejorar sus capacidades para identificar y expresar sus emociones.

A la hora de trabajar con el mundo emocional, es muy importante ser creativo y contar con gran variedad de herramientas que faciliten el proceso de identificación y expresión de emociones, ya sea con población adulta como con población infantil, y por supuesto, siempre adecuando los recursos al nivel de desarrollo emocional que presenta la persona.

Amanda Blanco Carranza
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Amanda Blanco Carranza
Psicóloga
Adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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Maneras de Amar

Maneras de Amar

Maneras de Amar

Maneras de amar, escrito por los psicólogos Dr. Amir Levine y Rachel Heller, es un interesante libro de autoayuda que tiene el objetivo de acercar al lector los últimos avances en investigación científica sobre la forma en la que las personas adultas tendemos a formar vínculos afectivos con nuestras parejas sentimentales. 

Los autores hacen un gran trabajo a la hora de transmitir, en términos sencillos y comprensibles, los principales hallazgos científicos sobre la teoría del apego y su influencia en las relaciones de pareja adultas. 

La teoría del apego explica la forma en la que los seres humanos establecemos vínculos afectivos con otras personas, especialmente con personas cercanas, en base a las experiencias con nuestros padres o principales figuras de cuidado durante los primeros años de vida. A través de estas experiencias aprendemos nociones básicas sobre funcionamiento de las relaciones afectivas en términos de intimidad, seguridad, cuidado, dependencia y autonomía. La forma en la que los adultos establecen lazos afectivos con sus parejas se parece a los establecidos entre padres-hijos. Por tanto, estas experiencias tempranas acabarán forjando nuestro particular estilo de apego, es decir, la forma específica en la que tendemos a relacionarnos afectivamente con otras personas.

Los estilos de apego son estables a través del tiempo. Sin embargo, esto no significa que sean rígidos. Los estilos de apego son maleables, es decir, que podemos aprender nuevas formas de relacionarnos afectivamente con nuestras parejas para tener relaciones más sanas y satisfactorias.

Este libro se centra fundamentalmente en los estilos de apego en las relaciones sentimentales adultas. Los autores del libro exponen que, en función de nuestro estilo de apego, diferiremos en las expectativas que tenemos sobre la relación y la pareja, las ideas sobre la intimidad emocional, la actitud hacia las relaciones sexuales, la capacidad para expresar deseos y necesidades, y la forma de reaccionar ante el conflicto.

Si los miembros de la pareja tienen estilos de apego diferentes, estas diferencias pueden dar lugar a conflictos o desencuentros, problemas de comunicación, dificultades en la comprensión de las necesidades del otro, así como dificultades para satisfacer estas necesidades. Por tanto, conocer nuestro propio estilo de apego y el de nuestra pareja puede proporcionarnos información muy relevante para ayudarnos a entender las dificultades de pareja y cómo abordarlas para conducir nuestra relación a buen puerto. 

Los autores describen 3 estilos de apego: apego ansioso, apego evasivo (también llamado evitativo) y apego seguro. Todas las personas encajamos en uno de estos estilos de apego; estudios científicos han encontrado estos estilos en diferentes países y culturas. Las características principales de estos estilos de apego son las siguientes:

Apego ansioso:

Las personas con este tipo de apego anhelan cercanía e intimidad. Suelen querer estar el 100% del tiempo con sus parejas y suelen molestarse cuando su pareja pasa tiempo con otras personas o realizando otras actividades. Suelen obsesionarse con su relación y dudan de que sus parejas puedan corresponderles a sus necesidades amorosas; suelen sentir que tienen más necesidad de intimidad que sus parejas, por tanto, sienten mucha inseguridad sobre el futuro de su relación y el miedo al abandono suele estar muy presente.

Apego evasivo (evitativo):

Las personas con este tipo de apego anhelan autonomía e independencia, por lo que suelen mostrarse frías y distantes emocionalmente. La intimidad emocional les incomoda por lo que evitan el acercamiento. No les gusta sentir dependencia de otras personas, tienen dificultades para confiar en la pareja. Suelen tener dificultades para abrirse emocionalmente y comunicar sus necesidades, problemas o dificultades, y no muestran gran preocupación por las relaciones sentimentales o por como pueda sentirse su pareja.

Apego seguro:

Las personas con este tipo de apego suelen ser cálidas y cariñosas. Suelen sentirse cómodas  acercándose e intimando con sus parejas. Suelen gestionar bien el equilibrio entre intimidad e independencia. No suelen preocuparse por la posibilidad de que su pareja les abandone. Suelen comunicar adecuadamente sus necesidades y sentimientos. Son receptivos a las necesidades de la pareja y proporciona apoyo cuando la pareja lo necesita.

De los tres estilos de apego, el apego seguro es en apego más sano y el que genera menos conflictos y dificultades en las relaciones sentimentales. Las relaciones formadas por parejas en la que uno o ambos miembros de la pareja tienen estilos ansiosos o evasivos, suelen tener más conflictos y más dificultades para comunicarse y comprender las necesidades de la pareja.

Este libro proporciona una descripción muy detallada de los estilos de pensamiento, estados emocionales y formas de actuar de las personas en las relaciones sentimentales adultas en función de cada estilo de apego, y proporciona herramientas útiles y sencillas (cuestionarios) para la identificación de nuestro estilo de apego y el de nuestra pareja. Por otro lado, describe las necesidades emocionales especificas y puntos débiles de cada estilo, y proporciona consejos y estrategias para lidiar con las dificultades que se pueden encontrar cuando la pareja esta formada por dos personas con estilos de apego diferentes.

Especialmente importante es la sección del libro dedicada al apego seguro, donde se proporciona pautas y estrategias especificas para mejorar los estilos de comunicación, técnicas de resolución de conflictos y expresión de necesidades para personas con apegos ansiosos o evasivos, para ayudarles a acercarse más a los que utilizan personas con apego seguro.

En conclusión, este libro es una guía útil para ayudarnos a navegar el mundo de las relaciones sentimentales proporcionando un entendimiento más profundo de la forma en la que nos relacionamos con nuestras parejas para alcanzar un mayor bienestar psicológico y emocional.

Amanda Blanco Carranza
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Amanda Blanco Carranza
Psicóloga
Adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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Atypical

Atypical

El trastorno del espectro autista, acortado como TEA, es una afección neurológica que afecta a las capacidades de aprendizaje de una persona. Normalmente se empiezan a ver los signos y consecuentemente se diagnostica en la infancia, y es una de las afecciones que más preocupan a los padres cuando reciben la noticia, pues popularmente se tiene un conocimiento bastante limitado o erróneo sobre el trastorno debido una vez más a la desinformación que tenemos respecto a el.

De manera resumida, el TEA es una afección neurológica que afecta a la capacidad de un individuo de relacionarse adecuadamente con su entorno, todo lo que le rodea, las personas que lo padecen pueden tener problemas de comunicación, aprendizaje de conocimientos, molestias por ruidos, una gran variedad de problemáticas, razón por la cual hace unos años empezó a llamarse trastorno del espectro autista, pues la misma afección creaba una gran variedad de problemáticas según la persona.

En la sociedad la información que normalmente solemos tener sobre esta afección, a menos que conozcamos a un familiar o conocido que lo padezca, suele venir de películas y series famosas, los cuales suelen generar mitos y/o confusiones sobre los que realmente es. Un ejemplo espectacular de esto es la famosa película Rain Man (1988) de Barry Levinson, donde el actor Dustin Hoffman interpreta el papel de una persona con TEA y síndrome de Savant (capacidades extraordinarias en un cierto campo como la memoria o matemáticas).

Pero todos estos mitos y casos excepcionales no nos permiten conocer cómo son realmente las personas que padecen esta afección, y pueden crear como ya hemos dicho temor en las personas cercanas a alguien que recibe el diagnóstico.

Afortunadamente, en los últimos años, han aparecido más y más series que intentan derrocar esta falta de conocimiento y mostrar cómo son las vidas de las personas que las padecen, sus potenciales y posibles formas de relacionarse con ellas.

Una de las series que más ha llamado la atención en este aspecto es Atypical (Atípico), creada por Robia Rashid se estrenó en 2018 y cuenta la vida de Sam Garden, un adolescente de 18 años que padece un trastorno del espectro autista. En la serie podemos ver cómo es el día a día de Sam, los problemas con los que se encuentra en cuanto a la interacción con su familia y amigos, problemas románticos en cuanto a su primer amor, su vida de instituto, su comprensión del mundo y desarrollo personal para entenderse a sí mismo.

Nos ofrecen la oportunidad de ver en primer plano cómo es la vida de una persona con TEA y enseñan diferentes pautas sobre como podemos interactuar con ellos y entender sus dificultades, aunque hay que tener en cuenta que con cada persona será diferente. Creada con la colaboración de escritores y actores que padecen el mismo trastorno, Atypical ha recibido críticas asombrosas por el realismo de los problemas y por cómo consiguen transmitir la información respecto a las problemáticas habituales, tanto así que actualmente tiene ya 3 temporadas disponibles y ha sido renovada para la cuarta y última temporada.

Atypical es un modo interactivo y bueno para aprender sobre el TEA, tanto para padres y familiares cómo conocidos o personas que simplemente tienen curiosidad. Eliminan el estigma asociada al trastorno y permiten que nos adentremos a su mundo de una manera excepcional, con toques cómicos, dramáticos, serios y realistas todo a la vez. Para las personas que no tengan información fiable sobre el TEA, o que tengan curiosidad de aprender más, esta serie representa una oportunidad perfecta para ello.

Tommy Gyran Norheim
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Tommy Gyran Norheim
Psicólogo
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español, inglés y noruego
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Lacan: historia y aportaciones

Lacan: historia y aportaciones

Jacques Lacan fue un psicoanalista y psiquiatra de origen francés. Nacido en París el 13 de abril de 1901, es conocido por su “retorno a Freud”, actualizando y modificando la teoría de Sigmund Freud, conocido por todos como el padre del psicoanálisis. Su evolución teórica provoca la escisión de la Sociedad Psicoanalítica de París. Dicha evolución se caracteriza especialmente por un sustancial abandono de los aspectos más puramente biológicos, confiriendo una enorme importancia al lenguaje de cara a la comprensión de los pacientes, el cual, según su concepción, estructura el inconsciente a través de sus códigos.

El objetivo del presente escrito no es tanto aportar una explicación biográfica de Lacan, si no describir de forma breve pero clara alguna de las aportaciones más curiosas que esta figura del psicoanálisis produjo en esta corriente, así como algunos datos que rindan cuenta de la particularidad de esta figura del psicoanálisis. Este no es sino un primer contacto con la teoría de Lacan. En artículos posteriores se profundizará en otros aspectos.

Escansión

Una de las características de la terapia psicoanalítica de marcado enfoque lacaniano es el conocido corte de sesión o escansión. Se dice que la utilidad de este corte es el puntuar, el hacer hincapié en una verbalización llevada a cabo por el paciente y que guarda una enorme relación con los conflictos intrapsíquicos de éste.

El objetivo fundamental de este corte de sesión es fomentar la reflexión del paciente sobre lo que dijo, abrir la puerta a un discurrir por parte del sujeto.

Partiendo de la premisa que dice que el inconsciente se estructura como un lenguaje, Lacan se negaba a plegarse a la norma de la duración de las sesiones (que debían durar 50 minutos según la IPA).

Descrito por él como un imperativo obsesivo, esta duración rígida no respetaba las puntuaciones del sujeto en su discurso (y por ende, sus contenidos inconscientes), ya que el inconsciente, según Lacan, no obedece nunca a un tiempo preestablecido. Al cortar la sesión en este punto, el analista realiza una acentuación en forma no verbal, dejándole entrever al paciente que lo que ha dicho se trata de algo significativo y que no debe ser tomado a la ligera. El analista no es en absoluto un oyente neutral. Deja muy claro que ciertos puntos, que seguramente guarden relación con la revelación de un deseo inconsciente y con un goce previamente no admitido son cruciales. El analista dirige la atención hacia ellos, recomendándole al paciente más o menos directamente que piense en ellos y los tome seriamente.

Los pacientes no tienden a hablar y puntuar espontáneamente los temas más importantes. Es más, desde el punto de vista psicoanalítico, los pacientes tienden en mayor medida a evitar aquellos aspectos. Ejemplo de ello son los temas relacionados con la sexualidad, evitando, por ejemplo, asociar sueños y fantasías con elementos que conllevan mayor carga sexual.

Muy probablemente el lector se preguntará qué se espera de uno cuando acude a un terapeuta de orientación lacaniana. Pues bien, el análisis no requiere que relatemos toda nuestra vida en detalle ni toda nuestra semana y sus pormenores. Hacerlo convierte automáticamente la terapia en un proceso infinito. Para que el analista pueda involucrar al paciente en un verdadero trabajo analítico, no debe tener miedo en dejar claro al paciente que el contar historias, los relatos detallados de lo que pasó en la semana y otras formas de discurso superficial no son el material del análisis, aunque, por supuesto, puede ponerlos al servicio del análisis. El terapeuta tenderá por tanto a cambiar de tema en lugar de intentar, de forma obstinada, a encontrar algo de significación psicológica en los detalles de la vida cotidiana del paciente.

Cuando el analista de repente concluye una sesión, puede acentuar la sorpresa de lo que el paciente ha expresado, o introducir el elemento de sorpresa a través de la escansión, dejando que el paciente se pregunte qué fue lo que el analista escuchó y que él mismo no logró escuchar. Cuando las sesiones de tiempo fijo son la norma, el paciente se acostumbra a tener una cantidad de tiempo determinado para hablar, y calcula cómo rellenar ese tiempo, cómo hacer un mejor uso de él. Los pacientes saben a menudo que el sueño que tuvieron es lo más importante que deben relatar para su análisis. Sin embargo, tratan de hablar de muchas cosas de las que quieren hablar antes de llegar al sueño, si es que llegan a él. Establecer una duración determinada de la sesión no sirve, según Lacan, sino para alimentar la neurosis del paciente: el uso que hace del tiempo previsto para él en la sesión es una parte indisociable de su estrategia neurótica, que involucra la evitación, la neutralización de otras personas y demás.

El diagnóstico lacaniano

Para los profesionales que trabajen con los sistemas diagnósticos predominantes como el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), la sistematización llevada a cabo por Lacan resultará enormemente simplista. No obstante, ésta implica también precisiones mucho mayores respecto de lo que generalmente se considera que es un diagnóstico en buena parte del ámbito de la psicología y la psiquiatría. Los criterios diagnósticos de Lacan se basan fundamentalmente en la obra de Freud, siendo ésta ampliada en multitud de ocasiones, y en el trabajo de algunos psiquiatras franceses y alemanes como Kraepelin o Gatian de Clérembault.

En lugar de tender a multiplicar todavía más las ya numerosas categorías diagnósticas, de modo que cada nuevo síntoma o conjunto observable es considerado como un síndrome separado, el esquema diagnóstico de Lacan es enormemente simple, pues incluye solamente tres categorías principales: neurosis, psicosis y perversión.

A diferencia de las categorías diagnósticas como el DSM, los diagnósticos lacanianos proporcionan al terapeuta una aplicación inmediata, en la medida en que guían los objetivos del terapeuta e indican la posición que éste debe adoptar en la transferencia. La teoría lacaniana demuestra que ciertos objetivos y técnicas utilizados con los neuróticos son inaplicables con los psicóticos. Y esas técnicas no solo son inaplicables, sino que incluso pueden resultar peligrosas, puesto que pueden disparar un brote psicótico.

El diagnóstico no es, por tanto, una cuestión formal de papeleo, tal como requieren las instituciones sanitarias. Es fundamental para determinar el abordaje general que el terapeuta adoptará para el tratamiento de un paciente individual, para situarse correctamente en la transferencia y para realizar las intervenciones apropiadas. Lacan trata de sistematizar las categorías de Freud ampliando sus distinciones terminológicas. Lacan distingue entre categorías diagnósticas en función del mecanismo de defensa operante.

Es decir, las tres principales categorías diagnósticas adoptadas por Lacan son categorías estructurales basadas en tres mecanismos diferentes o formas diferentes de negación. Encontramos entonces que para la neurosis el mecanismo fundamental es la represión, para la perversión es la renegación y para la psicosis la forclusión. Retomando a Freud, el cual decía que mecanismo y estructura no son meras compañeras que presentan una fuerte correlación entre los pacientes. El mecanismo de negación es constitutivo de la estructura. Esto quiere decir que la represión es la causa de la neurosis, así como la forclusión es la causa de la psicosis.

Diversos estudios encuentran una relación positiva entre la impulsividad, la ira y la impaciencia. Cabe, en este contexto, mencionar la elevada de tasa de abandonos (egosintónico y suele provenir por parte de otra persona) cuando la ira es motivo de consulta. Como decíamos, la ira correlaciona con la impaciencia. Esto podría explicar que las personas que padecen este problema cuando no obtienen resultados deprisa, abandonan el tratamiento; cuando obtienen resultados deprisa, abandonan el tratamiento; cuando la pareja les deja, abandonan el tratamiento y cuando la pareja no les deja, también suelen abandonar el tratamiento.

Homosexualidad

Mientras que la corriente psicoanalítica predominante en la época de Lacan afirmaba rotundamente que los homosexuales no podían ejercer el trabajo de psicoanalistas, Lacan rompió con esta preconcepción, dando a entender que los homosexuales sí podían ejercer como tal. Roudinesco, psicoanalista de origen francés, afirma que Lacan aceptaba asimismo a pacientes homosexuales, sin el objetivo de adentrarles en lo que por entonces se consideraba la normalidad.

La Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) contaba en la década de 1920 con un comité encargado de gestionar esta cuestión. La rama berlinesa de dicha asociación decía así: “(la homosexualidad) es un crimen repugnante: si uno de nuestros miembros lo cometiera, nos comportaría un grave delito”, llegando incluso a considerarse como una “tara”.

En este sentido, la posición de Lacan resultó novedosa, evitando rechazar a homosexuales en su formación como analistas. Esta negación al estigma predominante, junto con su negación a establecer un tiempo determinado en las sesiones, así como su oposición al academicismo propio de la IPA conllevó su expulsión de esta institución en 1963.

A continuación, se ampliarán algunos de los aspectos descritos unas líneas más arriba, profundizando en las estructuras y en los pormenores que distinguen a dichas estructuras desde el punto de vista de Lacan.

Con anterioridad, se esbozaron de forma breve algunos de los aspectos más curiosos y característicos de Jacques Lacan. Esta no es sino una continuación de lo anterior, donde profundizaremos de forma sintética en una de las categorías diagnósticas descritas por Lacan: la neurosis. Retomando lo dicho en el anterior artículo, el abordaje lacaniano del diagnóstico puede parecer extraño y simplista para aquellos profesionales familiarizados con otras categorías diagnósticas como es el caso del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM). El propósito de este artículo no es resaltar los posibles defectos de estos instrumentos diagnósticos.

El objetivo es describir una alternativa en un contexto donde la psicología ha tendido en gran medida a aproximarse a la medicina -y por ende, a la psiquiatría-, intentando operativizar y cuantificar aspectos que, al fin y al cabo, resultan intangibles. El diagnóstico lacaniano, en lugar de multiplicar las categorías diagnósticas, incluye tres categorías principales: neurosis, psicosis y perversión.

A diferencia de otras categorías diagnósticas, proporcionan una aplicacióninmediata al terapeuta, guiándole en sus objetivos e indicando la posición que éste debe asumir en la transferencia. Un aspecto interesante de este abordaje es que las personas que son habitualmente consideradas “normales” (Cabría preguntarse qué es normalidad y qué no lo es) no tienen una estructura especial propia. Por lo general, son neuróticas en términos clínicos. Esto quiere decir que el mecanismo de defensa básico es la represión. Freud sostenía lo siguiente: “Si adoptamos un punto de vista teórico y desatendemos el aspecto de la cantidad, podemos afirmar que todos estamos enfermos, o sea, que todos somos neuróticos, ya que las precondiciones para la formación de síntomas, a saber, la represión, también pueden observarse en personas normales”.

A diferencia de otras estructuras como la psicosis, la neurosis se caracteriza por la instauración de la llamada Función paterna, la asimilación de la estructura esencial del lenguaje, la primacía de la duda sobre la certeza, un considerable grado de inhibición de las pulsiones que se opone a su puesta en acto libre de inhibiciones, la tendencia a encontrar más placer en el fantasma que en el contacto sexual directo, el ya mencionado mecanismo de la represión, el retorno de lo reprimido en forma de lapsus, actos fallidos y síntomas, etc.

A diferencia de la perversión, la neurosis implica el predominio de la zona genital frente a otras zonas erógenas, cierto grado de incertidumbre respecto de lo que excita y lo que no o una importante dificultad para lograr la satisfacción aún sabiendo lo que excita. La represión: “Lo esencial en la represión no es que el afecto esté suprimido, sino que está desplazado y es irreconocible” Lacan, Seminario XVIII, p.168.

Como decíamos anteriormente, el mecanismo fundamental que define la neurosis es la represión. Este mecanismo es el responsable de que, mientras que,en la psicosis, tal y como veremos en el siguiente artículo, el paciente es capaz de revelar toda su “ropa sucia” sin aparente dificultad, el neurótico mantiene esas cosas ocultas para los demás y para sí mismo. A diferencia de la neurosis, en la psicosis no hay inconsciente, ya que éste es resultado de la represión. La represión puede ser descrita como la expulsión de la psique de pensamientos o deseos que no son aceptables para nuestra visión de nosotros mismos o para nuestros principios morales. Además, ésta puede explicarse como una atracción ejercida por el núcleo del material reprimido “original” sobre elementos relacionados con él. La represión no implica la absoluta y completa eliminación de ese pensamiento, al contrario que en la psicosis, como veremos que sí ocurre. En la neurosis, la realidad y sus elementos son afirmadas en un sentido muy básico pero desalojados de la conciencia. El afecto y el pensamiento están conectados, tal y como defienden también terapias de corte cognitivo como la Terapia Racional Emotiva de Albert Ellis. La represión ejerce una separación, “un divorcio” entre el afecto y el pensamiento, siendo éste excluido de la conciencia. Este es el motivo por el cual los analistas a menudo se encuentran con personas en consulta que dicen sentirse vacíos, tristes, ansiosos o culpables sin saber por qué. O bien las razones que esgrimen no parecen corresponderse en modo alguno con la magnitud del afecto que los acompaña. La carga afectiva perdura cuando el pensamiento ha sido reprimido, llevando a la persona a buscar explicaciones a ese sentimiento. Esto, es decir, la ausencia del pensamiento pero la presencia de un afecto arrollador son muy comunes en la neurosis histérica. En la neurosis obsesiva, el pensamiento puede estar presente pero no suscitar afecto alguno. Tenemos por ejemplo pacientes que relatan haber sufrido acontecimientos gravísimos pero éstos no suscitan absolutamente ninguna reacción afectiva. Aquí, el analista trata de traer esos afectos disociados al aquí y ahora del análisis. El retorno de lo reprimido:

Cuando un pensamiento se reprime, queda latente, no desaparece. Trata de expresarse allá donde pueda, conectándose con otros pensamientos relacionados. Estas expresiones adoptan la forma de lapsus, sueños, actos fallidos y síntomas. En este sentido, Lacan afirmaba que “lo reprimido y el retorno de lo reprimido son uno y el mismo”. Aquello que ha sido apartado de la conciencia aparece aparece de forma maquillada a través del olvido de un nombre, la rotura “accidental” de un regalo, o el rechazo hacia el cariño de una madre que desvela la represión del niño de su deseo por la madre. Otro ejemplo de esto son las interrupciones o irrupciones.

Existen multitud de ejemplos para exponer el retorno de lo reprimido. En cualquiera de estos casos, algún deseo está siendo sofocado. Para Lacan, el síntoma neurótico cumple el papel de la lengua que permite expresar la represión (Seminario III, p.72). Se trata de un mensaje dirigido al Otro. La insatisfacción del deseo y el deseo imposible o neurosis histérica y neurosis obsesiva : El neurótico obsesivo se caracteriza por su deseo imposible. El obsesivo puede, por ejemplo, anular o negar al Otro. Por ejemplo, mientras hace el amor, el neurótico obsesivo puede fantasear que está con otra persona, negando de esta manera la importancia de la persona con la que está. El deseo en la neurosis obsesiva es imposible: cuanto más próximo a su satisfacción se encuentra el obsesivo lo sabotea.

Es por ello, por ejemplo, que en la neurosis obsesiva sea frecuente encontrar narrativas de una persona (el obsesivo) que se enamora de alguien inalcanzable o establecer requisitos extremadamente estrictos a sus parejas y allegados. En la neurosis histérica, el sujeto adopta la posición de objeto de deseo del Otro. Asimismo, el sujeto puede identificarse con un par y desearlo como si fuese él. Es decir, desea como si estuviese en su posición. A menudo podemos encontrarnos con parejas donde uno aprecia ciertas cosas y el/la contrario/a acaba deseándolas. En la histeria, se detecta en el Otro un deseo, un consecuente posicionarse como objeto de satisfacción de ese deseo pero luego negar dicha satisfacción para seguir manteniéndolo vivo (el deseo). La neurosis obsesiva y la neurosis histérica en el análisis: Dado que el obsesivo intenta neutralizar al Otro, cuanto más obsesivo sea, menores serán las posibilidades de que se analice. El obsesivo puede, intelectualmente, llegar a aceptar la existencia del inconsciente, pero no la idea de que éste es inaccesible sin la ayuda de otra persona. Refiere dificultades, pero se limita a hacer un “autoanálisis” que toma la forma de llevar un diario, escribir sus sueños o preocupaciones de la semana. Comúnmente, el obsesivo vive su vida en rebelión contra uno o todos los deseos de sus padres, pero niega cualquier relación entre lo que hace y lo que sus padres quisieron que hiciera.

La primera maniobra que ha de efectuar el analista es asegurarse de que el obsesivo entienda que el Otro no puede ser anulado o pasado por alto. Es decir, tratará de impedir los intentos del obsesivo de repetir eso con el analista. Los analistas que trabajan con obsesivos están familiarizados con la tendencia de estos pacientes a hablar y hablar, interpretarse a sí mismos o asociar, sin prestar atención a las puntuaciones del analista. Éste muchas veces ha de hacer un auténtico esfuerzo para evitar que el obsesivo arrase con sus intervenciones, ya que suele tener la sensación de que el paciente se interpone en el camino de lo que quería decir. Podemos pensar, teniendo en cuenta lo anterior, que en la neurosis histérica el paciente será un paciente ideal, ya que éste está atento al deseo del Otro. Asimismo, el paciente quiere saber en estos casos. Es por esto que en la histeria es fácil pedir la ayuda del analista, pero también es difícil para ella trabajar una vez está en el proceso analítico. En el caso de que el analista acceda a darle al paciente lo que busca, es probable que éste lo cuestione, lo desarme y encuentre la falla en el saber del analista: esto la convierte en la prueba de que puede complementar el saber del analista. A menudo pueden resultar un desafío para los terapeutas, dado que pueden hacerles sentir que no están a la altura de la comprensión de la situación. Se convierten así en amos del saber del analista, ya que le empujan a saber y prontamente. En la histeria es frecuente que el sujeto traiga un nuevo síntoma cuando el anterior se resuelve.

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Instituto de Terapia Multilingüe
Psicología, Psiquiatría, Logopedia
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La validación emocional: Una necesidad básica en la infancia y la adolescencia

La validación emocional: Una necesidad básica en la infancia y la adolescencia

No recuerdo exactamente cuántos años tenía por aquel entonces, pero sé que aún era pequeña. El suceso que voy a compartir ocurrió unos años antes de mi décimo cumpleaños. No recuerdo (de forma precisa) lo que había sucedido, tampoco la razón exacta por la que estaba disgustada, simplemente recuerdo que me sentía así y que el disgusto en cuestión se había prolongado varios días. ¿por qué elegir entonces compartir una historia en la que faltan más datos de los que realmente se tienen? La respuesta es simple: Porque recuerdo exactamente cómo me sentí al vivirla y eso es lo importante.

Movida por la tristeza que sentía, recuerdo haber hablado con uno de los adultos más cercanos de mi contexto sobre lo que me estaba sucediendo. La respuesta que recibí, fue la siguiente. -“Bueno, esto no puede seguir así, algo hay que hacer y tienes que poner de tu parte”. Puede que me equivoque al reflejar las palabras exactas de la respuesta en cuestión (han pasado ya muchos años), sin embargo, recuerdo de manera inequívoca la expresión facial y el tono emocional que la acompañaron. Cualquiera podría pensar que el mensaje trasmitido fue positivo. Después de todo, el adulto en cuestión me estaba dejando saber que quería resolver la situación y ayudar. Sin embargo, yo me preocupé, me tensé y me abrumé.  Pensé: “Oh-Oh, X está preocupado y estresado, y es por mi culpa”. A lo largo de mi vida, he pensado varias veces en la escena que acabo de describir y con el tiempo, he sido capaz de clarificar algo que experimenté pero que en su momento no era capaz de nombrar:  Sentí una sensación de urgencia, como si se me estuviesen transmitiendo que tenía que “ponerme bien rápido” (a pesar de que esas palabras nunca fueron dichas en voz alta). Era como si no hubiese espacio para mis emociones, y a pesar de estar completamente segura de que el aducto en cuestión me quería, de que yo le importaba y de que tenía las mejores intenciones para conmigo, su respuesta, orientada a la acción y a la resolución de problemas se quedó corta. Le faltó el paso previo esencial: La validación emocional.

¿Qué es la validación emocional y por qué es tan importante?

Las experiencias que vivimos a lo largo de nuestras vidas despiertan emociones. La existencia humana no puede ser comprendida sin tomar las emociones en consideración y son esas mismas emociones las que nos permiten conectar con los demás. Validamos a alguien cuando somos capaces de transmitirle que sus experiencias, pensamientos y emociones tienen sentido (razón de ser), que aceptamos sus experiencias internas y que, por ende, los aceptamos a ellos. La validación es un acto de conexión humana, sincera y verdadera y toda persona necesita experimentarlo, de manera constante, a lo largo de su vida. La validación emocional transmite mensajes muy sustanciales: Te veo, me importas te comprendo (o intento comprenderte) y estoy aquí, (sin utilizar esas palabras, per se). Si nos detenemos a pensarlo, la validación tiene una importancia vital para la vida de cualquier ser humano, sin que importe en lo absoluto su edad. Desafortunadamente, a los padres y/o cuidadores se les habla poco sobre esta tarea crucial de la crianza. Podría decirse que la validación es una necesidad emocional primaria, como la seguridad y el sentimiento de ser querido.

La validación emocional resulta de vital importancia por un sinnúmero de razones: Impacta la capacidad de identificar, nombra, expresar y comprender emociones (sean estas propias o ajenas); contribuye a la construcción y mejora del autoestima; permite la internalización del modelo “que valida” observado, lo que se traduce después en la capacidad de auto-validarse y contribuye de manera directa al desarrollo de las estrategias de regulación emocional, disminuyendo la probabilidad de desarrollar conductas impulsivas como estrategia de regulación.

Para comprender de manera detallada lo que es la validación y sobre todo cómo materializarla, resulta necesario ilustrar, a su vez, su contra punto, es decir, la invalidación emocional. Cuando una persona siente que sus experiencias, pensamientos y emociones se juzgan, condenan o minimizan (restándoles importancia) está siendo víctima de una interacción invalidante. Los efectos de entornos emocionalmente invalidantes en la infancia deja huellas a largo plazo, las cuales se extienden hasta la adultez de los individuos que han crecido en dichos entornos. Las investigaciones sobre las consecuencias de la invalidación emocional subrayan que la exposición repetida y sistemática a dicha invalidación impacta la capacidad de nombrar y expresar emociones, fomentando así la inhibición emocional,  contribuyendo también a estados depresivos y al desarrollo de la tendencia de recurrir a comportamientos impulsivos (nocivos) que sirven para aliviar de manera abrupta pero puntual, un malestar emocional.

¿Cuáles son las características de la invalidación emocional?

En esencia, la invalidación emocional temprana (porque también puede haber invalidación en la adultez, claro está) ocurre cuando las figuras adultas referenciales de un niño o adolescente no se encuentran en sintonía con las necesidades y emociones que estos puedan tener y/o manifestar. En efecto, los adultos en cuestión responden desestimando, censurando o castigando (puede ser con gestos, miradas, tonos de voz…) la expresión de necesidades, pensamientos y emociones por parte de los menores. De hecho, el no acudir o no responder es la forma más primaria de invalidar. Si un niños llora, por ejemplo, calmarlo (tanto con palabras como con acciones) es una respuesta que valida, en lugar de etiquetarlo como “ llorica” lo cual lleva el mensaje implícito de: No deberías de estar llorando, no tiene sentido que te sientas como te sientes.

Si un niño expresa una necesidad, como por ejemplo “tengo hambre”, responderle dándole opciones sobre qué cosas puede comer es validarle, si por el contrario contestásemos con un “no es posible que tengas hambre, estaríamos invalidándole y transmitiéndole el mensaje (no verbal) de que la sensación corporal que está sintiendo, no es real.

Lo mismo podría suceder en lo que a emociones respecta, si un adulto le dice a un niño, “no deberías enfadarte”  (cuando en efecto, lo está), contribuyendo así a que el niño aprenda que sus emociones son incorrectas, que siente cosas que no debería de sentir y por ende que desconfíe de sus emociones, de su criterio y de sus reacciones a los eventos que puedan sucederle. Si el entorno familiar falla de manera constante en la terea de prestar atención a los pensamientos, emociones y sensaciones corporales de sus miembros más pequeños, podría estar reforzando de una manera no intencionada (claro está), la desregulación emocional. Y esta es la explicación: Si las señales emitidas no son tomadas en cuenta el niño o adolescente aprendería a intensificar o escalar las expresiones de dichas señales para obtener así lo que necesita de su entorno.

¿Cómo puede entonces materializarse la validación?

¿Como pueden padres y cuidadores validar a sus chicos? Marsha Linehan, la psicóloga americana que desarrolló la terapia Dialéctico Comportamental, compuso (dentro de la misma) un apartado de validación para que los terapeutas lo utilizasen en sus sesiones con los pacientes. Aquí resulta importante realizar un breve matiz: La terapia dialectico-comportamental fue desarrollada, en un principio, para abordar el trastorno límite de la personalidad (trastorno del que la misma Linehan había sido diagnosticada). La invalidación emocional en la infancia tiene un papel casi protagónico en la vida de la mayoría de las personas diagnosticada con TLP.

La teoría detrás del apartado de validación para el uso de terapeutas, puede extrapolarse al cuidado y la crianza, para ser utilizada por padres y/o cuidadores. De los 6 niveles de validación expuestos por Linehan, utilizaré cuatro para dar ejemplos concretos sobre cómo puede validarse de una manera consciente y elegida.

Nivel uno: Presencia y curiosidad.  Prestar atención es la clave. Cuando tu niño o adolescente se comuniquen contigo, sintoniza con la emoción que te estén revelando, tanto de manera verbal como gestual. Mantener un buen contacto ocular, agacharse o sentarse para colocarse  a su nivel, un toque o contacto físico sutiles, etc, son formas de comunicación no-verbal que validan.

Nivel dos: Reflejar. Ser espejo. Consiste en traducir (de manera adecuada) a palabras, lo que se observa y comunicarlo al niño o adolescente. El objetivo es la comprensión de la experiencia interna de nuestros chicos sin juzgarla. Parafrasear cuando son algo más fluidos verbalmente o mayores es una excelente herramienta. Por ejemplo: -“Déjame ver si he entendido bien: Me has dicho que…. ¿es correcto?”

Nivel tres: Revelar lo que no ha sido dicho. En esencia, si el adulto ha estado prestando atención al niño o adolescente, será capaz de intuir y decodificar cosas que no han sido dichas de forma explícita. Por ejemplo, un niño puede encontrarse llorando y quejarse sobre algo que le ha hecho su hermano, sin nombrar emoción ninguna. Su adulto-referente podría intervenir diciendo: “…imagino que eso te hizo enfadar”. Para Linehan, el nivel tres se resume en: “leer la mente”. En sus formas más complejas abarca descifrar no solo lo que la persona siente, sino también sus pensamientos y aquello que se encuentre desando, entre otros. Es importante tener en cuenta el preguntar si se está en lo correcto después de “leer la mente a alguien”, para dar espacio a cualquier clarificación, ya que si no, podríamos paradójicamente invalidarle.

Nivel cuatro: Es una premisa que debe de servir como guía para funcionar: Todo comportamiento es causado por un evento o bien, constituye la respuesta a un suceso.  Este es sin duda alguna uno de mis niveles preferidos, por que nos ayuda a comprender y a tener compasión. Contrario a lo que se pueda pensar, no significa (bajo ningún concepto) que cualquier comportamiento será aprobado o excusado. El siguiente ejemplo lo ilustra de manera clara: Un chico no ha realizado sus deberes y miente a su profesor. Es comprensible que el chico mienta por temor a las consecuencias que el no haber hecho sus deberes pueda traerle. El adulto puede comunicarle al chico que entiende que puede haber habido miedo (nivel 3 o nivel 2 si el chico ha explicado que sintió temor) y que la mayor parte de los animales (humanos incluidos) hacen cosas para protegerse cuando sienten miedo. Sin embargo, esas cosas no siempre son las más sabias, sirviendo solo a corto plazo, y empeorando  la situación a la larga.  A partir de ahí se podría adoptar una estrategia de resolución de problemas para pensar en posibles opciones que permitan al chico corregir su comportamiento disfuncional.

Si eres un adulto  troncal en la vida de un menor, un padre/madre, un cuidador, un profesor, un tío o tía o un primo mayor, ten presente el profundo impacto que la validación puede tener en el desarrollo emocional de los niños adolescentes presentes en tu vida. No importa si se trata de una conversación trivial, profunda o de una charla seria sobre las reglas, valídale por favor.

Rocío Fernández Cosme
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Rocío Fernández Cosme
Psicóloga
Niños, adolescentes y adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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Recomendación de lectura: Hyperfocus, de Chris Bailey

Recomendación de lectura: Hyperfocus, de Chris Bailey

Recomendación de lectura: Hyperfocus, de Chris Bailey

Para todos aquellos que sufrimos a la hora de tener que concentrarnos en tareas difíciles durante largos periodos de tiempo, nos demoramos en exceso en completar tareas aburridas y repetitivas, o sentimos que no usamos nuestro tiempo de la forma que querríamos, llega el libro Hyperfocus.

En una época en la que nuestros recursos atencionales se ven continuamente saturados por un fluir desmedido de información, llamadas, emails, y mensajes que salen de cada uno de nuestros aparatos electrónicos, la capacidad de concentrarnos en una tarea de forma constante sin la tentación de hacer otras cinco cosas a la vez, o cambiar de tarea frecuentemente está completamente mermada.

En una lectura fácil y entretenida, el experto en productividad canadiense Chris Bailey nos sumerge en el mundo de la atención, ayudándonos a comprender porqué nos resulta tan difícil hacer uso de la misma de forma adecuada.

Según el autor, para poder disfrutar de una vida plena en vez de ponernos en piloto automático, es preciso aprender a controlar nuestros recursos atencionales de forma eficaz; siendo capaces de concentrarnos intensamente en algo para ser productivos y aprender de forma profunda, y desconcentrarnos después para relajarnos y dar con ideas novedosas. Para él, la capacidad de prestar atención plena es el pilar más importante para ser productivo y feliz.

Después de una exhaustiva investigación sobre las limitaciones y proezas de la atención humana, Bailey nos desgrana perlas de sabiduría convertidas en sencillos pasos para: aumentar nuestra capacidad atencional, evitar las distracciones, evitar postergar nuestras metas vitales, prestar atención a lo que realmente nos llena, recargar las pilas y conectar con nuestro lado creativo.

Inés Zulueta Iturralde
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Inés Zulueta Iturralde
Psicóloga
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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Retos Teletrabajo y Niños

Retos Teletrabajo y Niños

Desde el 11 de Marzo cuando se confinaron las provincias en España, nuestras vidas cambiaron de manera radical a lo largo de los meses siguientes. Surgió una forzada nueva forma de trabajar contando con el apoyo de la tecnología. El teletrabajo que se ha venido implementando desde hace un par de años obtuvo un mayor auge, convirtiéndose en la nueva forma de trabajar.

Por otro lado, el home schooling ha pasado a ser de manera forzada la nueva estrategia para acercar la educación a los niños. Las casas además de brindar el confort de siempre pasaron a ser oficinas y escuelas ambulatorias durante el confinamiento, el internet y las nuevas tecnologías pasaron a ser fuentes de sociabilización fundamentales, así como los balcones y las terrazas la ingeniosa manera de comunicarnos con nuestros vecinos, hacer ejercicios, aplaudir a los sanitarios y contribuir con nuestros carteles a prestar apoyo moral a todos aquellos que luchaban en primera fila contra la pandemia.

Con el pasar de los días nos fuimos adaptando a una nueva normalidad que ha puesto a prueba nuestros límites demostrándonos que el ser humano tiene las habilidades para ajustarse a los diferentes obstáculos a los que se enfrenta.

Entre las cosas que se han experimentado durante esta difícil temporada algunos cambios han demostrado lo efectivos que son. Entre ellos el teletrabajo, que pareciera haber llegado para quedarse. Esta nueva forma de concebir nuestros los espacios laborales conlleva ventajas y desventajas que es importante tener en cuenta.

Entre las principales ventajas:

  • Mayores oportunidades laborales
  • Aumente de la productividad
  • Mayor unificacón de objetivos familiares
  • Posibilidad de combinar el trabajo con la vida familiar
  • Elección personal del entorno del trabajo
  • Favorecer el acceso a la formación
  • Organización de su propio tiempo

Entre las principales desventajas:

  • El ambiente en el que el trabajador labora puede no ser el más apto para la realización de sus actividades
  • Aumento del sedentarismo
  • Incrementa los conflictos o distracciones del núcleo familiar
  • Perdida de sociabilización
  • Horarios ilimitados
  • Algunas personas pueden sentirse aisladas o solas

Sin embargo, con el confinamiento de las familias en los hogares la conciliación familiar se vio alterada por el espacio que compartían los padres con sus hijos, donde tuvieron que asimilar el rol de profesor además de las distintas labores que debían realizar dentro del hogar.  En sus inicios el teletrabajo surge como una opción en la búsqueda de un balance entre la vida familiar y la vida laboral. Durante los meses de confinamiento esto no se pudo lograr, ya que la mayoría de las personas además de llevar a cabo sus funciones laborables, generalmente tenían que acompañar a sus hijos en los estudios y encargarse al mismo tiempo de llevar a cabo labores en el hogar. Ante la inminente llegada del nuevo curso se ha puesto sobre el tapete seguir manteniendo en la medida de lo posible el teletrabajo para lograr mantener el distanciamiento social tan necesario en la prevención del contagio por COVID-19.

Desde Marzo hasta Junio la mayoría de los adultos han manifestado niveles elevados de malestar al tener que atender a las clases online de sus hijos al mismo tiempo que debían cumplir con sus obligaciones laborales.

Además de lidiar con las incertidumbres propias de la situación a la que nos enfrentamos se han denotado consecuencias psicológicas tales como elevados niveles de estrés y ansiedad, aumento de las disputas familiares, cansancio excesivo, perdida de espacios y tiempo libre, entre otros.

De igual manera los padres han visto su rol trastocado al tener que estar atentos a que sus hijos se conectasen a sus clases online tratando de mantener una rutina que les ofreciera una regularidad constante.

Es por eso que en los últimos días ha quedado de manifiesto que no se contempla que los niños continúen su formación online. La presencia de los niños en el colegio es extremadamente necesaria, en primer lugar porque los profesores están formados en los objetivos que deben alcanzar los niños a nivel académico, el rol del padre se desvirtúa cuando tiene que enseñar a sus hijos los objetivos escolares.  

En segundo lugar, la interacción de los niños con sus profesores es totalmente distinta a la que suelen tener con sus padres, por lo que en ocasiones la transmisión de conocimientos es mejor recibida por ellos cuando viene de la figura externa del profesor. Este es uno de las principales causas de disputas familiares y frustración.

En tercer lugar, los niños necesitan la sociabilización con sus compañeros de clases, esto no solo contribuye con su estabilidad emocional sino que tiene una gran influencia sobre el proceso de aprendizaje de los contenidos académicos.

Por todo esto es de suma importancia que los peques vuelvan al colegio, eso sí teniendo en cuenta que es un regreso un tanto atípico. Previo a los días del inicio del cole debemos conversar con nuestros hijos sobre las medidas que se tomarán ante la vuelta a clases.

Entre ellas tener en cuenta:

  • Mayores de 6 años deberán llevar la mascarilla.
  • La higiene siempre tiene que estar a la mano, podemos enviar a nuestros hijos con un kit higienizante que contenga gel hidroalcolico y si asi lo deseamos su propio jabon.
  • Enseñarles que deben lavar sus manos durante 20 segundos con el método recomendado por los especialistas.
  • Deberán lavarse las manos cada ves que cambien de actividad.
  • El nuevo saludo es chocando los codos.
  • Las manos deben mantenerse alejadas de la cara.
  • Una vez lleguemos a casa, debemos deshacernos de nuestra ropa, airearla y bañarse con la finalidad de evitar posibles riesgos.
  • Explicarles que probablemente no podrán interactuar con otros niños mas que los de su clase manteniendo así las burbujas escolares.

Estas normas de ser posible debemos explicarlas previo al inicio de las clases y reforzarlas cada vez que podamos. El regreso a clases conllevara un periodo de adaptación para todos padres, profesores y niños. Los más pequeños necesitan nuestro acompañamiento en todo momento, teniendo especial atención ante la presencia de miedos, nerviosismo o desajustes emocionales. Es de vital importancia que se sientan cómodos para poder expresar sus emociones libremente proporcionando estrategias que les ayuden a lidiar con ellas. Los niños pueden hacerlo elaborando las emociones que están sintiendo mientras los padres deberán validar esas emociones, ponerles nombre y empatizar con ellos.

La vuelta a la rutina escolar traerá beneficios infinitos para los niños como para los padres, sobretodo si el teletrabajo ha llegado para quedarse. De seguro, esto nos brindará mayor estabilidad para adaptarnos a nuestra nueva normalidad.

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Esperanza en Espera

Esperanza en Espera

Tenías tantas ganas de reinventarte, cambiar tu trabajo, dedicarte más a tu familia, viajar y explorar… Y entonces llegó la pandemia. Muchos planes, ilusiones y sueños se han visto parados, pospuestos o incluso cancelados, por el momento. La tentación es añadir… “para siempre”. Pero la diferencia entre para siempre y por el momento es la esperanza.

¿Qué es la esperanza? En palabras de C.R Snyder, autor de la clásica Teoría de la Esperanza, la esperanza es la sensación que se genera cuando sabemos que podremos conseguir lo que nos proponemos. Surge cuando se juntan dos elementos: la voluntad y las opciones. Cuando la determinación encuentra su camino, aparece la esperanza. Dicho de otra forma, esperanza es descubrir que existen diferentes posibilidades para llegar a mi destino y sentir que soy capaz y motivad@ para hacer lo que es necesario para activar esas posibilidades. Es el opuesto de la impotencia, que se caracteriza por una sensación de que hagamos lo que hagamos, no va a servir para nada.

En un mundo de cambios constantes, tener esperanza no significa ser iluso, sino es la manera más realista de plantearnos nuestros sueños. Si la llegada imprevista de Covid-19 te ha roto un sueño, no hace falta rendirse y asumir que nunca será posible. Necesitas reactivar tu esperanza para encontrar una manera diferente para llegar allí.

Muchos de los clientes que estaba apoyando en hacer realidad una transición vital, se han visto parados y temporalmente desanimados durante los meses del confinamiento y la vuelta a la nueva normalidad. Todos ellos tuvieron que reencontrar nuevos caminos para seguir avanzando en la dirección deseada. No es siempre sencillo, pero al final, quién busca, encuentra.

Cuando Covid-19 llegó a Madrid, Sam se volvió a casa de sus padres para estar cerca de ellos en anticipación del impacto que iba a tener la pandemia en Estados Unidos. ¿Dejó atrás su sueño de vivir en España como escritor autónomo? No. Aprovechó el tiempo en casa de su familia para diseñar con más claridad su plan de acción de cambiar de trabajo. Recordó con más detalle sus aficiones de niño al volver a dormir en la habitación de su infancia. Volvió con una determinación renovada para hacer realidad para lo que había venido a hacer. Y había encontrado nuevos caminos. Eso es reactivar la esperanza.

Pero una duda nos queda a muchos… ¿y si estoy soñando lo imposible? Depende…

Sueño o fantasía

Según las sabias palabras de Marcia Wieder, la diferencia entre un sueño y una fantasía es que puedes diseñar una estrategia para hacer realidad tu sueño. Hacer realidad una fantasía por otro lado no depende de ti. No puedes trazar un plan, porque simplemente no hay manera. No hay caminos. Que me toque la lotería, ¿es un sueño? No, es una fantasía. Pero es posibles, ¿no? Sí, por supuesto es posible, con una probabilidad pequeñísima, infinitesimal. Puedes comprar un billete, pero no nos engañemos, si te toca no depende de ti. No puedes hacer nada para inclinar las probabilidades escasas en tu favor. Si insistimos en considerar la compra de billete una estrategia, es bastante ineficaz.

Rescata tu sueño

Lo primero que hago con mis clientes es diferenciar si lo que buscan es un sueño o una fantasía. Si nos encontramos con una fantasía, les recuerdo que detrás de cada fantasía se esconde un sueño, sólo tenemos que encontrarlo y reformularlo:

  • “Quiero que me toque la lotería” se convierte en “Quiero tener libertad financiera”.

  • “Quiero encontrar el trabajo perfecto” se convierte en “Quiero usar mis fortalezas para contribuir a un proyecto que me importa”.

  • “Nunca más quiero trabajar” se convierte en “Quiero generar más fuentes de ingresos pasivos”.

  • “Quiero ir a vivir a una isla caribeña y no tener un jefe más en mi vida” se convierte en “Quiero dedicar tiempo a desarrollar mi plan de negocios y buscarme un socio que tenga experiencia en el emprendimiento”.

  • “Sólo quiero estar tranquilo” se convierte en “Quiero reorganizar mis días para encontrar un equilibrio entre el trabajo, los niños y recuperar una de mis aficiones.”

¿Y si no encontramos ni un sueño, ni una esperanza? Entonces ya tenemos el primer paso: Quiero volver a soñar.

No esperes más. Ahora es el momento. Ahora es el momento para reactivar tu esperanza.

Vuelta con sentido

Al perder libertad de movimiento y tener que acoplarnos a nuevas realidades, nuestra capacidad de acción se ha visto afectada.

Un estudio realizado por el Centro de Psicología Positiva Aplicada (CAPP) en Inglaterra midió el impacto de la pandemia en la expresión de diferentes fortalezas. Los resultados sugieren que nuestra capacidad de acción, relacionada con fortalezas como aprovechar el tiempo, planificar y ejecutar planes de forma satisfactoria se vio mermada de forma significativa.

Cuando nuestras vidas “normales” fueron interrumpidas de forma busca, los salones y dormitorios se convirtieron en colegios caseros u oficinas improvisadas, también se rompieron todas nuestras rutinas de productividad. No había más sitio, ni en nuestras casas, ni nuestras cabezas para meter ni una sola cosa más. Cuando necesitamos crear nuevos hábitos para sobrevivir, los sueños que podrían llevar crecimiento, pero también mucha incertidumbre, pasaron a un segundo plano. Dónde hay mucho miedo y estrés, la ilusión se despide, “Mejor que vuelva luego”. Por eso, nuestras esperanzas se quedaron en espera. Actuemos ahora, para que no caigan en olvido.

Por otro lado, el estudio encontró que fortalezas como la Gratitud, el Crecimiento, la Reflexión y el Autoconocimiento se vieron reforzadas. Hemos aprendido mucho sobre nosotros, somos más fuertes que antes, hemos tenido tiempo para pensar y conocernos un poco más. Nos hemos hecho nuestro máster personal en resiliencia. Aunque no tenga título, vale mucho.

Con suerte, el tiempo y la habituación, junto al calor y el descanso de un verano atípico, nuestra ilusión se empieza a recuperar del susto. Hubo muchas pérdidas, y las hemos llorado. Pero la vida sigue y nuestra salud mental necesita que reactivemos nuestras ganas de crecer. Ante la vuelta a la nueva normalidad, la ilusión nos invita a explorar con curiosidad: ¿Quieres volver? ¿A qué sí? ¿A qué no?

Reactiva tu esperanza

Para reactivar tu esperanza, prueba estos tres pasos, para quitarle el polvo a tus sueños y dejarte inspirar por ellos nuevamente.

Paso 1: ¿Qué es lo que quiero?

Especifica qué tipo de cambio necesitas en este momento en tu vida. ¿Quieres retomar un proyecto que se ha quedado parado? ¿Quieres retomarlo tal cual lo habías imaginado o necesita algún retoque? Si piensas que es imposible, ¿Qué es lo que realmente querrías conseguir mediante este proyecto? ¿Con qué valor está relacionado? ¿Más libertad, más autenticidad, más disfrute, más conexión, más impacto…? Identifica el sueño o la necesidad detrás de la fantasía

Puede que en este momento te sientes atrapad@ y frustrad@, porque hace mucho que has dejado de soñar y no sabes ni por dónde empezar. Tu sueño es volver a soñar. No intentes abordar este paso desde el intelecto. Para permitirte volver a soñar, empieza por las emociones y los recuerdos de pasado.

¿Hay una cierta sensación vital que quieres volver a vivir? ¿Qué recuerdos vinculas con esa sensación? ¿Hubo momentos de inspiración profunda que te pusieron la piel de gallina y que recuerdas con detalle hasta el día de hoy? ¿Qué te hace sentir viv@?

Si te apetece, busca imágenes que expresan esa sensación vital que buscas, sea por un cambio laboral, un cambio personal o simplemente un cambio de hábitos. Crea un collage, digital o analógico, dando un buen uso a todas esas revistas que querrías haber tirado hace tiempo. Crea una representación visual de lo que quieres para tí.

Paso 2: Abre caminos

Recuerda que tener esperanza no requiere cambiarlo todo, sino saber que hay muchas maneras para llegar a dónde quieres. Necesitas encontrar opciones diversas, que te llevarán en la dirección de tu destino deseado. Encuentra tres o cuatro maneras que ves factibles y elige tu Plan A.

Entonces, empieza a dar pasitos en esa dirección. Si quieres volver a ser más creativa en el trabajo, pero no sabes cómo, empieza por pequeñas variaciones en cómo haces tu trabajo. Haz algo nuevo o diferente cada día. Si aparece la oportunidad de mostrar tu vena creativa, cógela, aunque aparezca disfrazada como un nuevo reto que te da un poco de miedo a primera vista.

En la entrevista de trabajo que me dio mi primer trabajo en una multinacional me preguntó mi futuro compañero: “Si no te contratamos, ¿qué harías?” Le contesté con total sinceridad y entusiasmo “No lo sé, si no puedo trabajar en Marketing, a lo mejor me pongo a estudiar Psicología.” Aparte te mi inocencia, la respuesta mostró que sabía intuitivamente que mi mundo no iba a acabar si no podía tener este puesto al que estaba aspirando. Fue una respuesta de esperanza. Que encima se hizo realidad un año más tarde cuando dejé la empresa para perseguir mi pasión, es otra historia…

Un puesto es sólo un camino posible entre las muchas vías que nos acercan a lo que realmente buscamos cuando soñamos: ser feliz, hacer lo que nos gusta, contribuir nuestro granito de arena.

Paso 3: Comprométete con el camino

Parece que los cambios requieren un esfuerzo extraordinario. Es verdad, pero no cualquier tipo de esfuerzo. Necesitan una dedicación prolongada en el tiempo, en vez de un esfuerzo sobrehumano puntual. Habrá momentos difíciles y fáciles, un poco de todo. Lo importante es seguir avanzando, sin prisa, pero sin pausa.

Si un camino que estamos contemplando nos quita las ganas de empezar con sólo pensarlo, tiene que haber otra manera más sencilla, más tuya, más auténtica, más viable. No hagas cualquier cosa, haz lo que te va bien a ti.

Recuerda que el segundo ingrediente de la esperanza es la determinación, las ganas de comprometerte con uno de los caminos que has identificado. Sentir que te apetece, que te pone una sonrisa en la cara y sientes cosquillas en el estómago y pensar “Lo quiero probar. Creo que puede funcionar.” Reconocerás la sensación cuando la sientas.

Puede que habrá contratiempos, puede que tengamos de cambiar de estrategia a mitad de camino. Pero no pasa nada. A veces tenemos que abandonar un camino y elegir otro porque se ha quedado bloqueado. Una vez que estás en marcha, es menos probable que te detengas. Cambiamos la estrategia, pero no la meta. En todo ese proceso buscamos empezar con un plan que parece posible, nos motiva y refuerza nuestra voluntad. Y lo abordamos con confianza, sabiendo que si falla siempre habrá un plan B, C, D o E.

Cuidado con la pasión

La mayor determinación es la que viene acompañada de pasión. Somos más perseverantes cuando hacemos algo de todo corazón. Así lo confirman los estudios de Angela Duckworth, que llama “grit” a la combinación de determinación y pasión.

Pero en mi práctica profesional veo que necesitamos manejar la pasión con cuidado.

Si sabes lo que activa tu ilusión, la sientes en tu cuerpo, la palpas claramente, ¡fantástico! Persigue ese camino. Pero si no, no te preocupes, olvídate del cuento de hadas (o mejor dicho, la novela romántica del artista que redescubre su pasión) y empieza con algo más sencillo. La pasión es sólo un camino. Hay otros.

En una conferencia, Liz Gilbert, autora del bestseller convertido en película de Hollywood “Come, reza, ama” confesó a sus seguidores que había sobrevalorado la pasión. “Siempre he hablado de seguir la pasión. Necesito pedir disculpas si te he confundido. La pasión fue mi camino. Fue fácil, porque siempre lo he tenido claro que querría escribir. Pero sé que hay muchos caminos más. Podemos empezar con algo más básico: Persigue tu interés, y mira dónde te lleva”.

Aparte de la pasión, podemos seguir las indicaciones de nuestro interés, la curiosidad, la intuición, las ganas de aprender…. Más caminos, más esperanza.

No postergas el comienzo

Cuando sepas más o menos por dónde tirar, es el momento de pasar a la acción. Elige tu primer paso. Si te da miedo, elige uno más pequeño. Si no estás seguro, prueba igualmente. Si te sientes sólo, compártelo con alguien que te animará. Pero empieza, ponte en marcha. Vuelve a sentir la ilusión de los comienzos nuevos.

¿Te quedas en blanco? Te propongo un pasito muy sencillo, que no tiene coste, sólo requiere una hora de tu tiempo y te dará un espacio para reflexionar. Si quieres explorar nuevas maneras para reinventar tu vida y tu trabajo a la vuelta a la nueva normalidad, apúntate a la serie de seminarios gratuitos, los viernes de Septiembre 2020 en el este enlace.

Facilitados por Eva Katharina Herber, patrocinados por SINEWS MTI.

La autora: Eva Katharina Herber

Eva es Psicología Clínica Sanitaria en Sinews Multilingual Therapy Institute en Madrid. Ayuda a sus clientes a navegar tiempos disruptivos de cambio con aplicaciones práctica de Psicología Positiva, con un énfasis especial en la generación de sentido en la adversidad y la identificación de las fortalezas personales. Si necesitas un tiempo y espacio para procesar emociones difíciles o buscas apoyo durante un nuevo comienzo, puedes contactarla aquí.

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Sinews MTI
Instituto de Terapia Multilingüe
Psicología, Psiquiatría, Logopedia
Cita en la Clínica

¿Cómo elegir a un buen terapeuta?

¿Cómo elegir a un buen terapeuta?

La mayoría de las personas, en algún momento de su vida, se encuentran en una situación donde les surge un problema que no consiguen resolver por sí mismos, ya sea problemas de sueño, de pareja, una pérdida, manejo de emociones o cualquier problemática que les provoca un malestar significativo en su vida que les hace necesitar asistencia profesional para poder solucionarlo y deciden buscar ayuda psicológica. Ante esta situación alguna de las primeras preguntas que deberían surgir son:

¿Qué necesito tener en cuenta para buscar a un buen profesional?

¿Qué requisitos debería considerar para asegurarme que la ayuda provista por mi terapeuta será beneficiosa para mí?

Las respuestas a estas preguntas, y muchas otras, suelen ser desconocidas para la población general que no tenga contacto con la psicoterapia, e incluso para personas que ya están en terapia, y por ello intentaré dar algunas pautas en este articulo sobre cómo escoger a un buen terapeuta empezando por describir los requisitos básicos y terminando con algunas cuestiones menos intuitivas, todas ellas se pueden agrupar en 3 cuestiones resumidas a continuación:

Formación profesional

Este primer punto puede que sea el más intuitivo de todos, pero aún así merece un apartado por algunas cuestiones importantes que vamos a comentar. El profesional al que decidas asistir para terapia psicológica debe tener una formación específica mínima para poder impartir terapia, la cual comprende una licenciatura o grado en psicología y una habilitación sanitaria que puede conseguirse con una formación PIR (Oposición para convertirse en especialista de clínica), MPGS (máster en psicología general sanitaria) o habilitación por formación en psicología clínica anterior a la creación de estas dos.

En psicología existen muchas áreas como psicología de recursos humanos, psicología deportiva, psicología orientada al Marketing o a la investigación, áreas que aun siendo muy valiosas no habilitan ni permiten que la persona ofrezca terapia psicológica de ningún tipo (a menos que tengan también la habilitación sanitaria). Cualquier formación fuera de las nombradas no son terapia psicológica y se debe tener cuidado para no asistir a ellas por la probabilidad de que empeoren su problema.

Una buena forma de evitar caer en las manos de una persona no cualificada es asegurarse de que su terapeuta está colegiado en el colegio oficial de psicólogos de su zona ya que sin ello no tiene permitido ejercer. Todos los colegios oficiales permiten consultar las personas colegiadas por nombre y el profesional debe ofrecerle la información de dónde está colegiado y sobre su formación específica, tiene derecho a saberlo.

El tipo de abordaje terapéutico

Este apartado probablemente sea menos intuitivo para una persona que no tenga conocimiento de cómo funciona la terapia psicológica. En psicología existen diferentes tipos de terapia, las cuales usan técnicas diferentes para abordar y solucionar los distintos problemas que podamos tener, siendo importante asegurarse de que el que usa su terapeuta sea uno que tenga evidencia contrastada de eficacia.

Actualmente, en psicología, existen una gran variedad de terapias, pero no todas cuentan con evidencia de ser eficaces, o tiene evidencia de ser perjudiciales, y sin formación en el ámbito puede ser difícil discernir una de otras. Los abordajes que sí están basadas en evidencia y con los mejores resultados actualmente son los abordajes conductuales (terapia conductual o modificación de conducta) y el abordaje cognitivo-conductual (terapia cognitivo-conductual), las cuales son las más utilizadas hoy en día.

Por otro lado, tenemos abordajes que no están contrastados o con evidencia de no ser eficacia entre las que podríamos nombrar la ‘terapia de vidas pasadas’ o la conocida como ‘Toque terapéutico o Reiki’, las cuales no deben ser ofrecidas por centros profesionales y que no van a ayudar a solventar las problemáticas que puedan tener.

Para saber si una terapia ofrecida está basada en evidencia o no se puede recurrir a la página web de la APA (American Psychological Association), organización encargada de investigar la eficacia de los distintos tipos de terapia, o por el contrario a la página de la APETP (asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas) donde encontraras una lista de terapias no contrastadas. Igual que en el punto anterior, tiene derecho a saber la evidencia que soporta la terapia que va a empezar.

Método de trabajo

Si ve que su terapeuta no está explicando lo que tiene que hacer, no hace preguntas respecto al problema o le comunica que usted tiene la solución, no está realizando terapia psicológica.

Todo profesional de la psicología tiene ciertas diferencias en sus formas de trabajar, no existen dos terapeutas iguales, pero sí que hay ciertos requisitos que el terapeuta debe cumplir en su trabajo, los cuales podemos resumir en los siguientes puntos:

  • Evaluación, diagnóstico y tratamiento: el profesional que le atienda debe evaluar la problemática con la que llega para poder averiguar cómo se estableció y cómo tratarlo. Lo normal es usar las primeras 4 o 5 sesiones para evaluar para después recibir una explicación del terapeuta de qué le está pasando y cómo planea trabajar para solucionarlo. Si no recibe la explicación del problema por parte de su terapeuta, o no le explica lo que van a hacer o ve que no está haciendo preguntas sobre la problemática, debe pedirla. Si su profesional le comunica que no trabaja de esa manera, no está haciendo terapia psicológica.
  • Directividad: uno de los puntos clave de la terapia, aunque muchas veces se obvie decirlo, es que el profesional que le atiende es un experto en conducta humana, es la persona que sabe cómo hacer preguntas sobre la problemática y cómo tratar el problema, siendo su trabajo comunicárselo de manera adecuada. Si ve que su terapeuta no está explicando lo que tiene que hacer, no hace preguntas respecto al problema o le comunica que usted tiene la solución, no está realizando terapia psicológica.
  • Progreso y final de la terapia: por mucho que pueda sonar intuitivo, el objetivo final de toda terapia, y del terapeuta, es que la persona que lo busca ya no lo necesite, ser inútil para la persona. Ello se consigue trabajando en el problema, según las instrucciones, para solucionar la problemática, averiguar cómo se originó y aprender a no recaer en ello. Si después de mucho tiempo ve que no consigue resultados, que no cambia nada o que su terapeuta vuelve una y otra vez al mismo punto, es muy posible que su terapia no esté teniendo efecto y debe hablar con su terapeuta para solucionarlo.

Cabe mencionar que hay más puntos para tener en cuenta a la hora de escoger un terapeuta, pero estas guías generales deberían ayudarle a saber lo mínimo que necesita saber.

Tommy Gyran Norheim
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Tommy Gyran Norheim
Psicólogo
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español, inglés y noruego
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Límites Saludables

Límites Saludables

Esta pandemia ha creado un escenario global que ha cambiado nuestras vidas: el dolor por las pérdidas inesperadas de seres queridos, manejar la preocupación por la inestabilidad económica, aprender de nuevo a equilibrar el tiempo de trabajo y el tiempo con nuestras familias. Esto ha provocado mucha reflexión en los medios de comunicación cuestionando nuestros estilos de vida. Si has estado viviendo en el extranjero durante algún tiempo, lejos de tu familia de origen, puede que te hayas echado de menos a tu familia y amigos en tu país y le estés volviend a dar vueltas a tu elección de vivir en el extranjero. En mis sesiones con mis clientes expatriados, frecuentemente les encuentro preocupados con su decisión de vivir en el extranjero. En la actual crisis mundial, esa elección puede parecer más determinante que nunca. Nadie quiere sentir que está dejando atrás a sus seres queridos. Tampoco queremos sentirnos obligados a conectarnos y estar más presentes cuando nuestra relación con ellos es complicada. 

En algunos casos, la decisión de vivir en el extranjero también viene con una fuerte motivación para encontrar la tan necesaria distancia emocional de dinámicas familiares o relacionales tóxicas. Recuerda: en algunos casos, vivir en el extranjero es la opción más saludable posible. Sin embargo, estas dinámicas pueden seguir en acción incluso a miles de kilómetros de distancia; en estos casos, establecer límites saludables y mantenerlos se convierte en algo primordial. 

Durante el confinamiento por el Coronavirus, a menudo nos hemos visto con mucho tiempo en nuestras manos. ¿Encontraste tiempo para reflexionar sobre el curso de tu vida? ¿Por qué no aprovecharlo ahora y repensar nuestras relaciones más significativas? ¿Qué impacto tienen esas relaciones en tu vida? ¿Te preocupas mucho por ello y piensas todo el rato si de verdad quieres mantenerte en contacto con ellos? ¿Te encuentras continuamente justificando quién eres delante de ellos? ¿Temes ponerte en contacto porque cada vez que lo haces te hacen sentir culpable? ¿Crees que no importa lo que hagas, nunca nada es suficientemente bueno para ellos?

Si mientras leías las preguntas anteriores, te venían a la cabeza recuerdos difíciles, probablemente hayas experimentado algún tipo de manipulación. Por desgracia, la manipulación psicológica y emocional es una herramienta poderosa y muy utilizada por políticos, en marketing y también en relaciones cercanas como un mecanismo de control. Esta manipulación no siempre es intencional y se aprende rápidamente de una generación a otra. Liberarse de la transmisión de la culpa de una generación a la siguiente no es fácil. Esos mensajes de manipulación emocional suelen estar muy arraigados y aparecen disfrazados como consejos de alguien con más experiencia en la vida. Otras veces simplemente nos recuerdan todos los sacrificios que han hecho por nosotros. Es importante no caer en la trampa de estos mensajes, recordándonos que sólo nosotros somos responsables de nuestras emociones. En el libro de Susan Forward, ‘Padres tóxicos’, [i] describe varias dinámicas familiares con diferentes tipos de manipulación psicológica que pueden tener efectos emocionales terribles. Desde padres negligentes que fueron incapaces de cuidar de las necesidades emocionales y físicas de sus hijos hasta dinámicas abusivas.

Si has lidiado con dinámicas familiares poco saludables toda tu vida, probablemente te has quedado sin ideas sobre cómo sanar vuestros lazos. Tal vez también te hayas dado cuenta de que lo más probable es que ellos no sientan la necesidad de cambiar. Sabes que tienes que empezar a validar tus propias necesidades emocionales para cuidarte mejor y el primer paso es poner límites saludables. Sabes que te preocupas mucho por ellos, y que para crear una relación saludable necesitas empezar a validar tus propias necesidades emocionales y empezar a establecer límites. Sin embargo, mantener esos límites parece una idea terrible e imposible de poner en práctica. ¿Qué te ha impedido en el pasado hacer los cambios que necesitas? ¿Es la idea de que eres egoísta por necesitar ese espacio? ¿O te sientes culpable porque piensas que no eres una «buena hija/hijo/compañero» si pides eso?

La culpa es probablemente uno de los obstáculos más duros que la gente encuentra cuando piensa en poner límites. Imagina la culpa como el tira y afloja entre lo que ‘deseas hacer’ y lo que crees que ‘debes hacer’.  Los «debería» a menudo vienen de los mensajes familiares y valores que hemos aprendido mientras crecíamos. Algunos de ellos son directos, como: «La familia es lo primero”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, aprendemos esos valores simplemente observando a nuestros padres y personas más cercanas. Por ejemplo, llegando a la conclusión de que ser una buena madre significa ser desinteresada ya que siempre ponía las necesidades de los demás por delante de las suyas. Esos mensajes familiares forman parte de nuestro código de valores. Cuando te sientes culpable por una interacción con tu familia, ¿has pensado qué «debería» ha aparecido en esta situación? ¿Todavía te identificas con esos valores como adulto? ¿O te has rebelado? Y lo más importante, ¿qué es lo que realmente quieres?

Cómo establecer y mantener límites saludables

En primer lugar, ¿sabes qué aspectos de vuestra relación te hacen daño? Tu cuerpo puede ser tu aliado para aprender cuando alguien ha traspasado tus límites. Puedes notarlo cuando rompen tus barreras porque tu cuerpo también reaccionará con ansiedad, lo sentirás rígido o tenso, etc. Tómate un tiempo para pensar qué es lo que te ha hecho sentir mal: ¿sientes que tienes la obligación de hablar con ellos todos los días? o ¿O sientes que no tienes control sobre tu vida y que ellos podrían interrumpirte en cualquier momento con una crisis emocional?

Ahora, piensa qué límites debes establecer para protegerte a ti mismo y a tus necesidades emocionales. Para ello, reflexiona sobre qué aspectos de tu vida compartes con ellos, la frecuencia con la que estás en contacto con ellos, y si consideras que la relación es unilateral en términos de apoyo emocional.

Consejo #1: ¿Qué partes de tu vida compartes con ellos? 

Creciste sintiéndote inválido o dependiendo continuamente de dicha validación. ¿Les pones al día sobre tu vida constantemente y, en ocasiones, sientes que llegas al punto de contarles aspectos demasiado personales o compartes en exceso? ¿Cómo es su reacción cuando les cuentas tus momentos vulnerables? Si vamos a compartir con alguien aspectos íntimos de nuestra vida, busca personas que sepan responder con compasión. Esto es especialmente importante cuando tu familia no acepta y critica aspectos fundamentales de tu identidad (por ejemplo, tu orientación o identidad sexual, tus creencias religiosas, política, etc.). Recuerda, en las dinámicas disfuncionales, se corre el riesgo de caer en un círculo vicioso en el que cuánta más información privada compartes, más información tienen que puede ser utilizada en tu contra. En cambio, ¿por qué no enfocas la atención en ellos o en temas neutrales? 

Consejo #2: ¿A quién acudes para obtener apoyo emocional?

Cuando has llevado las heridas emocionales de tu infancia, es comprensible que anheles el apoyo, la orientación y la validación que nunca has tenido. Cuidado con lo que Freud llamó ‘la compulsión a la repetición’. Esto significa constantemente vernos implicados en escenarios similares a otros de nuestra infancia en los que nos hirieron, pero con la esperanza de que esta vez, las cosas mejoren. ¿Esperas que tus padres reaccionen de manera compasiva esta vez? Y después, ¿te encuentras deseando no haber acudido a ellos y enfadándote contigo mismo por volver a tener esperanzas?

Consejo #3: ¿Cuándo les respondes?

Si en el pasado te sentías el cuidador emocional de tus padres, lo más probable es que, sin querer, sigas desempeñando el mismo rol como adulto. Esta interacción puede ser un desafío cuando vives en el extranjero, principalmente por la diferencia horaria: ¿tienes o tienen la expectativa de que debes estar disponible a cualquier hora del día? ¿Sientes que eres su bombero emocional, siempre pendiente y listo para calmarlos? ¿Has pensado alguna vez en cambiar tus patrones de comunicación? Si todavía les respondes cuando llaman con una crisis, estás reforzando sin saberlo esa dinámica poco saludable.

Consejo #4: ¿Con qué frecuencia estáis en contacto?

¿Cómo mantienes el contacto con las personas que estás tratando de poner límites? ¿Les llamas una vez por semana? ¿Cómo te sientes después de hablar con ellos? ¿Has pensado cuál sería una frecuencia razonable para ti que no te generara mucho malestar?

Hay varias maneras de demostrarles que ellos te importan y que te preocupas por ellos: por ejemplo, enviándoles un artículo o un chiste que te recuerde a ellos.

¿Por qué no reducir la frecuencia de tus llamadas y demostrarles de otra manera -de forma más respetuosa con tus necesidades- que estás ahí para ellos?

Consejo #5: Aprender a romper los mensajes de culpabilidad

A veces, la culpa y la vergüenza son cadenas emocionales muy fuertes que impiden que las personas pongan distancia con relaciones poco saludables. La culpa se puede experimentar internamente cuando se cuestiona si es justo pedir lo que necesitas. También puede imponerse externamente. Ten cuidado con la forma en que respondes a esos mensajes: el verdadero mensaje o demanda suele estar oculto. Aprende a abordar directamente el problema mientras te aseguras de no asumir la responsabilidad de los sentimientos de la otra persona o caer en la trampa de la culpa.

¿Sientes que mostrar a tus seres queridos que te preocupas por ellos y estar disponible para ellos significa olvidar tu propio bienestar emocional?

¡Entonces es el momento de asumir que los cambios siempre empiezan y terminan contigo! ¿Por qué no intentas aceptar tus elecciones y hacer los cambios que necesitas para sentirte mejor?  

Lucía Largo
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Lucía Largo
Psicóloga
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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