El trauma psicológico y sus consecuencias
¿Qué es un trauma?
Según la organización mundial de la salud, el trauma ocurre cuando: La persona ha estado expuesta a un acontecimiento estresante o situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo (O.M.S.: CIE-10).
El trauma es una reacción psicológica de las personas, tras un suceso negativo y altamente estresante que aparece de manera inesperada e incontrolable. Al comprometer la integridad física o psicológica de la persona que lo sufre, y siendo ésta incapaz de afrontarlo, se crea un malestar muy intenso en ella.
El alto impacto psicológico de los sucesos traumáticos se debe a la intensidad del suceso unido a la ausencia de respuestas psicológicas adecuadas para afrontar algo desconocido e inesperado. Para considerar un evento como traumático tiene que ser de carácter negativo, inesperado y repentino.
Una gran parte de los individuos que se enfrentan a una situación traumática sufren de consecuencias psicológicas posteriormente, que pueden ser agudas o crónicas. En los primeros momentos post – trauma hay síntomas que se pueden considerar normales y muy a menudo, estos síntomas remiten de manera espontánea, pero a veces las consecuencias perduran en el tiempo o se incrementan afectando la salud mental.
Síntomas asociados al trauma
Una vez superado el shock inicial, las respuestas a un acontecimiento traumático pueden variar. Las respuestas más comunes son:
- Flashbacks y pesadillas
- Ansiedad y constante nerviosismo
- Rabia
- Negación del suceso
- Cambios en los patrones de pensamiento
- Mayor dificultad para concentrarse
- Conductas de evitación hacia los recuerdos del suceso
- Miedo intenso a que se repita el suceso traumático, sobretodo en los aniversarios del suceso o al volver al lugar del suceso original
- Retraimiento y aislamiento en las actividades cotidianas
- Detrimento en la salud general o empeoramiento de una enfermedad existente
- Cambios en el estado de ánimo
- Disociación
- Irritabilidad y cambios de humor repentinos
- Sintomatología física de estrés, como sudoración, cefalea y náuseas
- Alteración del sueño o incapacidad de dormir (insomnio)
En su mayoría, los afectados no desarrollarán un trastorno por estrés postraumático (TEPT), trastornos de ansiedad o depresivos o trastorno Disociativo de la identidad, sino manifestaciones normales del síndrome postraumático, incluso en situaciones de alto impacto psicológico
Trastornos traumáticos
Tras la exposición a un evento traumático o estresante, es posible que se desarrollen reacciones psicológicas graves, desembocando en uno de los trastornos relacionados con el trauma y el estrés.
Los diagnósticos incluidos en ésta categoría de trastornos son:
- TEPT (Trastorno de estrés post-traumático).
- Probablemente el más común y estudiado, con una prevalencia del 1-4% de la población. Es especialmente común en personas con profesiones que suponen un riesgo de exposición a eventos traumáticos (Policías, sanitarios, militares…) Son comunes síntomas como pesadillas e insomnio persistentes y recurrentes, flashbacks, aislamiento y alta reactividad (agresividad, hipervigilancia…), miedos irracionales, desrealización (sentir que el mundo no es real) y despersonalización (sentirse un observador externo de sí mismo) y aturdimiento.
- TEA (trastorno de estrés agudo).
- Se caracteriza por sintomatología similar a la del TEPT que ocurren después del evento traumático. Dichos síntomas pueden durar entre dos días y 4 semanas después del evento traumático. Lo que más lo diferencia del TEPT es que los síntomas deben aparecer casi inmediatamente después del suceso.
- Trastorno de adaptación.
- Aparece sintomatología ante un acontecimiento traumático claro y definido, en los tres meses siguientes al inicio, pero no se puede clasificar como TEPT. Se presenta un malestar intenso desproporcionado a la gravedad o intensidad del factor estresante y un deterioro significativo en el funcionamiento normal. El malestar se manifiesta con disminución del rendimiento laboral o escolar, cambios en las relaciones sociales, complicaciones en una enfermedad existente, problemas en la pareja o la familia y dificultades económicas.
- Trastorno de apego reactivo (RAD) (diagnosticado sólo en niños).
- Se caracteriza por una distorsión y falta de desarrollo en la capacidad de relacionarse socialmente. Entre los síntomas más comunes se encuentran tristeza o reacciones de miedo sin motivo aparente, reacciones emocionalmente pobres hacia los demás, episodios de alta irritabilidad y limitación en la expresión de afectos positivos.
- Trastorno de compromiso social desinhibido (DSED) (diagnosticado sólo en niños).
- Aparece una falta de selectividad ante las figuras de apego que se eligen, siendo demasiado familiar con personas desconocidas y buscando contacto afectivo fuera del círculo social cercano.
- Otro trastorno especificado relacionado con el trauma y el estrés.
- Aparece sintomatología característica de los trastornos relacionados con trauma y estrés, causando un malestar significativo y deterioro en todas las áreas, pero no se cumplen los criterios para ninguno de los diagnósticos anteriores. En este caso, se especifica qué otro trastorno podría estar influyendo en la sintomatología.
- Trastorno relacionado con el trauma y el estrés no especificado.
- Lo mismo que el trastorno anterior, pero sin especificar ningún otro trastorno.
Existen varios factores que pueden hacer que las experiencias traumáticas sean más negativas. Por un lado, los factores asociados a la propia persona como la manera en la que percibe y experimenta la situación, la capacidad de resiliencia o el historial de salud mental. Por otro lado están los factores asociados a la propia situación: pérdidas humanas y materiales, extensión en el tiempo o cronicidad, edad a la que comienza (en caso de abuso). Por último factores asociados al lugar donde se produce el suceso; la presencia de apoyo social, existencia de medidas preventivas, la propia cultura comunitaria, o el cuidado de la salud mental existente en esa sociedad.
El trauma en la infancia
Teniendo en cuenta que durante la infancia un niño depende de sus cuidadores, cualquier conducta de abuso o abandono puede afectar de manera traumática, al ser vivida como una amenaza a su propia integridad.
Además, en la infancia es común que los maltratos sean continuos, siendo una situación crónica para ellos. Es importante destacar que el abandono es otra forma de maltrato, siendo igual de perjudicial psicológicamente que el abuso físico o sexual.
Consecuencias del trauma en la infancia: ¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Las reacciones mostradas por niños y adolescentes que han estado expuestos a eventos traumáticos pueden resumirse en:
- Desarrollo de nuevos miedos.
- Ansiedad de separación (especialmente en los niños pequeños).
- Alteraciones del sueño.
- Pesadillas.
- Tristeza.
- Pérdida de interés por las actividades normales.
- Disminución de la concentración.
- Deterioro del trabajo escolar.
- Rabia.
- Quejas somáticas.
- Irritabilidad.
El funcionamiento en la familia, el grupo de amigos o la escuela puede verse afectado por estos síntomas, poniendo en riesgo la estabilidad mental de los más pequeños.
Los trastornos disociativos: respuesta al trauma crónico
¿Qué es la disociación?
El término disociación hace referencia a una desconexión entre mente y cuerpo; una interrupción en la forma en que la mente maneja la información. Puedes sentirte desconectado de tus sentimientos, pensamientos, recuerdos y el entorno que te rodea y puede afectar a tu sentido de la identidad y percepción del tiempo
La disociación es un mecanismo de defensa del ser humano ante el trauma, que nos permite difuminar e incluso eliminar experiencias demasiado dolorosas para asimilar, sobre todo cuando somos niños y nos estamos desarrollando. Así, ante el abuso o maltrato (sobre todo en la infancia y adolescencia), los síntomas disociativos son un salvavidas para muchas víctimas; el problema es que ésta reacción en principio adaptativa, se convierte en disfuncional muy rápidamente, afectando la salud mental de las víctimas
Los síntomas disociativos
Los síntomas disociativos se dividen en tres bloques: Amnesia, desrealización/despersonalización y confusión/alteración de la identidad. (Steinberg, 1995).
La amnesia cumple la función de permitir al paciente seguir con su vida olvidando selectivamente la situación angustiosa y la emoción intolerable; en el Trastorno disociativo de la identidad por ejemplo, las partes que se encargan de las situaciones de la vida cotidiana normalmente presentan amnesia para los traumas previos.
La despersonalización desconecta el cuerpo de la consciencia de manera que el individuo puede desligar la experiencia traumática de sus propias emociones; muchas veces cuando hay un trauma severo no percibimos la parte emocional de la experiencia para defendernos contra el grado de activación emocional que nos provoca.
La alteración de la identidad alterna un estado mental con otro sin crearse una meta conciencia que abarque ambos.
Los trastornos disociativos
Los trastornos disociativos incluyen varios síndromes con el núcleo común de una alteración en la conciencia que afecta tanto a la identidad como a la memoria.
- Amnesia Disociativa, en la que los pacientes pierden memoria autobiográfica de ciertos eventos, generalmente acontecimientos de naturaleza traumática o estresante.
- Fuga disociativa, en la que la amnesia cubre toda (o al menos una parte muy grande) la vida del paciente y va acompañada de pérdida de la identidad personal y en muchos casos un traslado físico (de ahí su nombre). La amnesia disociativa puede diagnosticarse con o sin fuga disociativa.
- Trastorno de identidad disociativa o TID (anteriormente trastorno de personalidad múltiple), en el que el paciente parece poseer y manifestar dos o más identidades (una personalidad “huésped” y uno o varios “alter egos” ) que alternan el control sobre la experiencia, el pensamiento y la acción consciente y están normalmente separados por cierto grado de amnesia.
- Trastorno de despersonalización, en el que los pacientes sienten que han cambiado de alguna forma o que de alguna manera ya no son reales.
- Trastornos disociativos no especificados, en el que el paciente manifiesta algunos síntomas disociativos en cierto grado pero no llegan a cualificar para un diagnóstico de los anteriores.
Aunque los efectos del trauma pueden repercutir en áreas de funcionamiento que parecen alejadas del trauma, considerar el trauma como la principal influencia causal de los síntomas puede ayudar a empoderar a las personas para que se curen a sí mismas con apoyo, y validación en un entorno seguro.
Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la Relación de Pareja y Como Evitarlos
¿Cuándo termina el amor y se convierte en amistad?
¿Existe un límite temporal o el felices para siempre?
¿Por qué parece que a algunas parejas no les afecta el paso del tiempo?
¿Por qué otras personas repiten los mismos patrones en distintas relaciones?
Probablemente estos temas supongan ninguna novedad, la mayoría de nosotras hemos discutido sobre los secretos y obstáculos de las relaciones de pareja en múltiples ocasiones.
No es de extrañar que sea uno los temas con mayor demanda dentro de los gabinetes de psicología ni que sea algo que nos preocupe y en lo que queremos trabajar y aprender más.
Somos seres absolutamente sociales y dependientes del grupo (incluso para nuestra propia supervivencia) y probablemente debido a como hemos articulado nuestras relaciones a lo largo de la historia de la humanidad, la relación romántica es el grupo elegido en el que más horas pasamos y en el que más proyectos compartimos.
Probablemente estos temas supongan ninguna novedad, la mayoría de nosotras hemos discutido sobre los secretos y obstáculos de las relaciones de pareja en múltiples ocasiones.
No es de extrañar que sea uno los temas con mayor demanda dentro de los gabinetes de psicología ni que sea algo que nos preocupe y en lo que queremos trabajar y aprender más.
Somos seres absolutamente sociales y dependientes del grupo (incluso para nuestra propia supervivencia) y probablemente debido a como hemos articulado nuestras relaciones a lo largo de la historia de la humanidad, la relación romántica es el grupo elegido en el que más horas pasamos y en el que más proyectos compartimos.
Los estudios que tratan de descubrir cuales son las variables relacionadas con mayor felicidad, bienestar e incluso longevidad han mostrado que por encima de aspectos como el económico, laboral o de clase social, aquello que más influye en nuestro bienestar subjetivo son las relaciones que tenemos con otras personas y más específicamente con la familia cercana.
¿Cómo no preocuparnos entonces por nuestras relaciones sentimentales? ¿Cómo no tratar de aprender más sobre la construcción y el mantenimiento de una relación sana, excitante y duradera? Pero, sobre todo, ¿cómo no ser conscientes de las dificultades y aprender a navegarlas?
Gracias a avances en campos como la neurociencia a día de hoy sabemos que nuestro cerebro se comporta de forma similar cuando se “enamora” a como lo hace en adicciones, también sabemos que tendemos a valorar positivamente todo lo que nos resulta familiar y que tras una ruptura experimentamos procesos fisiológicos parecidos a los que sentimos en un proceso de duelo.
Por este y otros muchos motivos es evidente que las relaciones románticas y, sobre todo, su bienestar dentro de ellas, es más complicado de que lo que pensábamos, desde el principio de la relación hasta su mantenimiento en el tiempo.
Como terapeuta considero que es justo y fundamental que reconozcamos y dejemos de banalizar estas dificultades, ya que cada relación las experimenta y normalizarlas es el primer paso para desprendernos de esa sensación de “¿qué problema hay en mí?” y continuar evolucionando. Este es el objetivo principal de este artículo, crear conciencia y mostrar obstáculos comunes en las parejas desde el conocimiento científico actual.
En las clases que imparto en Personalidad y Diferencias Individuales solemos hablar sobre la relación entre los rasgos de la personalidad, la duración de la relación y el bienestar tanto afectivo como sexual. Diferentes estudios y meta-análisis han mostrado como aspectos como la extraversión (por la capacidad para comunicar amor y necesidades), la apertura a la experiencia (que nos conduce a probar cosas nuevas y aprender), la conciencia y la perseverancia (para la orientación a objetivos a largo plazo) correlacionan positivamente con mantener una relación estable y duradera y con la felicidad percibida dentro de ella.
Pero no debemos olvidar que todos estos patrones de comportamiento se pueden entrenar y además que tan solo son correlaciones, es decir, no sabemos qué fue antes si el huevo o la gallina. ¿Nos mostramos en los cuestionarios más comunicativos, abiertos a la experiencia y centrados por tener una relación sana y positiva o son estas variables las que nos hacen tener una relación satisfactoria?
Adentrándonos más en lo que conocemos en el campo de la ciencia como posibles claves para una pareja feliz, sabemos que en un principio se trabajó sobre la idea de “Quid Pro Quo”, es decir, aquellas personas que contaban con sensación de justicia en su relación eran más capaces de perdurar en el tiempo que las que no se sentían así.
Pero gracias a los avances de la investigación y a estudios como los de John y Julie Gottman (terapeutas de pareja, profesores e investigadores de la Universidad de Texas), sabemos que esa necesidad de “igualdad y justicia” solo aparece en las parejas cuando ya se encuentran pasando por malos momentos, cuando están en estado de alerta debido a no encontrarse cómodos en la relación.
El método Gottman ha mostrado una alta eficacia en la terapia de pareja, probablemente porque aborda la relación de una manera holística, se centra en la historia de vida conjunta, pero también tiene en cuenta los patrones de aprendizaje y personalidad de cada uno de los miembros de la pareja. Así mismo este método trabaja sobre el comportamiento, pero sin dejar de lado la regulación emocional y los patrones de pensamiento e interpretación.
Se han identificado así lo que llamamos los cuatro jinetes del apocalipsis en una relación romántica, siendo estos los siguientes:
- Criticismo: Una actitud de crítica y centrada en culpar al otro miembro de la pareja de cada pequeño detalle o problema, acusando a su comportamiento, a rasgos de su personalidad o a aspectos de su familia y/o historia de vida.
- Actitud defensiva: La tendencia a no asumir responsabilidad y mostrarse a la defensiva ante una posible crítica (la cual suele ser percibida como un ataque a mi persona y no como un comportamiento a modificar). Esta actitud está íntimamente ligada con el criticismo, ya que además de culpar a las circunstancias, en la pareja lo más sencillo para defenderse suele ser poner la responsabilidad sobre el otro.
- Desprecio: Un patrón de comportamiento tanto conductual como verbal que deslegitima o quita valor a aspectos del otro miembro de la relación.
- “Stone-walling” o lo podríamos traducir como hablar con la pared o cara de póker, es decir, la tendencia a no establecer comunicación, a no tratar los problemas y/o darles la espalda, lo cual en muchas relaciones es percibido por el otro miembro de la pareja como darle la espalda a esa persona o a la relación.
Obviamente no en todos los problemas de pareja aparecen estos 4 jinetes de manera simultánea, pero sí que suele encontrarse alguno de ellos jugando un papel principal dentro del conflicto.
Es justo aquí donde damos con una de las claves principales para entender y comenzar a trabajar en una relación positiva. Sabemos que la diferencia entre un pareja feliz y satisfecha y otra que no lo está no es el número de conflictos que aparecen sino su manejo, ya que somos capaces de hacer de un pequeño conflicto un gran problema si dejamos que alguno de estos cuatro jinetes entre en juego.
Pero, ahora que sabemos un poco más sobre estudios científicos, sobre la evidencia y sobre estas cuatro actitudes como protagonistas en los problemas sentimentales, ¿qué podemos hacer con todo esto? ¿cómo llevarlo a la práctica?
- Conciencia real: Por muy evidente que parezca, es tan obvio como útil. Debemos de cultivar la conciencia y tratar de identificar estos cuatro jinetes, no solo ahora al leer este artículo sino en nuestro día a día en la relación. Es importante hacer una pausa en el conflicto o antes de que este comience y percibir si uno de estos jinetes está tomando el timón y navegando el problema.
- Tiempo fuera: Especialmente debido a la dificultad que tiene el punto anterior, ya que cuando la ira, el enfado o la tristeza están muy activos nos resulta más difícil tomar conciencia y pensar de manera más fría.
Algo que podemos tratar de practicar es tomarnos un tiempo fuera (puede ser dar un paseo, ir a otra habitación…) tratando de percibir que el problema no tiene por qué resolverse YA y sobre todo que no lo hará si no lo manejamos de manera racional.En muchas parejas este tiempo fuera es motivo de conflicto ya que hay quien “necesita” resolver o concluir inmediatamente. Es por ello importante que esta técnica esté consensuada y no se interprete como un alejamiento sino como un espacio individual para reflexionar y luego volver a trabajar juntos en la relación. - Regulación emocional: De la misma manera que trabajamos el manejo de emociones en la pareja debemos hacerlo de manera individual, primero siendo conscientes de nuestros hándicaps emocionales (que todos tenemos) y tras ello aplicando distintas técnicas psicológicas como la reestructuración cognitiva, relajación, aceptación y posterior distanciamiento de la emoción mediante mindfulness, auto-compasión…
- Foco en objetivos comunes: Centrar la atención y el comportamiento en objetivos comunes, nada transcendental en principio, ir de menos a más, desde compartir un tiempo juntos centrado en un interés común (un paseo, visita, serie, charla sobre un libro) al diseño conjunto de proyectos más a medio y largo plazo.
Como decía al comienzo de este artículo, nuestro bienestar está íntimamente ligado al tipo de relaciones que construimos asique cómo no trabajar en ellas y darles la importancia que merecen. Es cierto que nuestras relaciones de pareja son complicadas por el hecho de tratar de encajar dos piezas de un puzzle que vienen con diferentes formas creadas por la vida anterior, modelos de familia… pero también es verdad que el manejo de los conflictos diarios o el hecho de no manejarlos acaba siendo un factor de riesgo mucho mayor para la ruptura o el malestar en la relación.
¿Cuántas veces hemos arruinado un momento o día agradable por expresarnos desde la crítica, el desprecio o tomar una actitud defensiva? ¿Cuántas veces nos hemos arrepentido de no habernos comunicado con nuestra pareja, haber afrontado un problema o expresado nuestras necesidades?
El problema principal de manejar así los conflictos no es solo la cantidad de afecto negativo que expresamos, sino que como el tiempo es limitado y el día continúa teniendo 24 horas y la semana siete días, nos quedamos con mucho menos espacio para compartir afecto positivo y para disfrutar de la relación.
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Psicóloga y Coach
Adultos y parejas
Idiomas de trabajo: Español e inglés
Cuidar de Los Que Nos Cuidan
El deterioro cognitivo y otras enfermedades neurodegenerativas son cada vez más prevalentes en nuestra población actual, una población más longeva pero también con mayores niveles de estrés y desconexión del momento presente.
Cada vez más personas somos conscientes de estas problemáticas pero hoy vamos a hablar de otro colectivo, un colectivo a veces silencioso (o silenciado), un colectivo que disfruta, pero también sufre y que es tan demandado como necesario.
Hablamos del rol del cuidador o cuidadora, esa persona que acompaña en el día a día a quien sufre alguna dificultad como el Alzheimer y en la que diferentes estudios han mostrado la alta frecuencia con que padecen “burn-out”, es decir, el síndrome de agotamiento y estrés laboral, problemas de ansiedad y de estado de ánimo o depresión.
Obviamente el bienestar psicológico de esta profesión está altamente relacionado con otras personas: a la que cuida, la familia de esta y su familia o relaciones personales fuera del trabajo.
Desde Sinews queremos prestar especial atención a esta dinámica interpersonal ya que será una profesión cada vez más necesaria, importante y probablemente a la que muchos o nos dedicaremos de una u otra manera o de la que seremos clientes en un futuro. Vamos a ello, por tanto.
Como si de una pieza de piano se tratase, para que la melodía de la relación entre cuidador/a y cuidado/a suene tranquila, agradable y llena de bienestar hay al menos tres acordes que debemos de tocar:
1. El vínculo personal
Cuando trabajamos con personas debemos priorizar la importancia del vínculo terapéutico, por ello es importante que más allá de las labores diarias como cuidador/a se reserve un tiempo para conocerse, tanto con el resto de la familia como con la persona a la que se acompaña.
Conocer la historia de vida, los intereses personales, gustos y también las dificultades por las que pasamos nos ayuda a ser más empáticos, a entender mejor los comportamientos inesperados y las emociones.
Además poder compartir actividades e historias es una de las mejores formas de trabajar la estimulación cognitiva.
Conseguimos un 2×1 en este caso, reforzar el triángulo familia-persona acompañada-cuidador/a mejorando el bienestar y la comprensión en esta relación interpersonal y por otro lado se podrán estar trabajando áreas como la estimulación verbal, procedimental y de la memoria.
¿Cómo hacerlo?
Estableciendo un tiempo tanto al comienzo de la relación para conocerse como durante la misma, pequeños encuentros semanales dentro de la rutina o pequeñas actividades diarias en las que se comparta conversación o actividades placenteras para ambas partes.
2. La desconexión y el descanso
Precisamente por la alta carga física y emocional de esta profesión es necesario respetar los horarios de descanso del profesional, asegurando dos tipos de tiempos, uno para el descanso y la recuperación y otro para que ya recuperados puedan disfrutar de su vida personal, familia y otras actividades placenteras y significativas para ellos.
Aunque esto parezca obvio debido a la actividad frenética del día a día y a las facilidades que nos proveen las herramientas de comunicación instantánea no es siempre tan sencillo de llevar a la práctica.
La desconexión (lo cual implica como decíamos tanto descanso como tiempo para disfrutar de la vida personal) es una de las variables que más peso tienen en la satisfacción laboral y especialmente por el trabajo que realiza el cuidador/a debemos de prestarle especial atención.
¿Cómo hacerlo?
Durante el año laboral: Acordar entre las partes periodos de vacaciones.
Durante la semana: Contar al menos con dos días consecutivos de descanso y desconexión de las tareas de cuidador/a.
En el día a día: Respetar los horarios de finalización de tareas asegurando unas horas de desconexión laboral.
Pero ¡OJO! no olvidemos en qué consiste respetar esta desconexión:
- En caso de que la persona que cuida sea un miembro de la familia, el resto de ella deberá organizarse para asegurar los puntos anteriores, en caso de ser una persona contratada se deberá asegurar una sustitución.
- Cuidar no es solo la tarea en sí sino también la logística, por tanto esto debe quedar realizado dentro de las horas de cuidado, evitando así enviar mensajes o llamadas habituales para sobre citas, procedimientos, qué hacer…Evitemos por tanto la comunicación fuera de las horas de cuidado y respetemos el tiempo de desconexión y descanso.
- En cuanto a la persona que cuida, te animamos a que te concedas esa desconexión y que compartas con tu familia o círculo social lo importante que es ese tiempo para ti, tanto para descansar como para disfrutar de tu vida personal y otras actividades placenteras o de ocio.
3. El propósito de la tarea
Otra de las variables que han mostrado mayor peso en la satisfacción tanto laboral como en la satisfacción con vida en números estudios es el sentido por el que hacemos las cosas, es decir el propósito de nuestro día a día y de nuestras tareas.
El rol de cuidador/a puede llegar a ser muy rutinario pero podemos tratar de establecer objetivos como la estimulación física y cognitiva y el bienestar general de la persona cuidada. Para ello será especialmente relevante el punto uno, conocer con qué disfruta o disfrutaba esa persona antes de la aparición del Alzheimer. Las capacidades que se conservan durante más tiempo a pesar de la enfermedad neurodegenerativa son las procedimentales (como la cocina, tocar un instrumento, dibujar, la artesanía…).
¿Cómo hacerlo?
Podemos por tanto establecer actividades diarias enfocadas en ese bienestar emocional y estimulación cognitiva, con el objetivo de reforzar ciertas capacidades, como decíamos anteriormente esto además mejorará el vínculo interpersonal.
Estos momentos diarios o semanales en los que se comparte un café o comida y se intercambian historias de vida o que se realiza algo placentero y procedimental marcarán la diferencia en cuanto al propósito del trabajo y permitirán un tiempo más creativo y emocional dentro de la jornada de cuidado.
No nos olvidemos tampoco del papel de la GRATITUD al respecto, como bien sabemos toda conducta reforzada tiende a consolidarse. Reconocer el trabajo y los objetivos del cuidador/a no solo de manera económica sino con tiempo de descanso o simplemente a nivel verbal mejorará la relación y por tanto el bienestar de todas las partes.
Un breve resumen gráfico para recordar esto y que nos ayudará a ponerlo en práctica

Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Psicóloga y Coach
Adultos y parejas
Idiomas de trabajo: Español e inglés
Diario de una Terapeuta Global: Cuarta Entrada
Han pasado tres meses desde el último post en el que compartía mis experiencias sobre el trabajo con empleados expatriados en distintas partes del mundo.
Tres meses de incertidumbre, de continuar oyendo historias muy diferentes y de trabajar mano a mano en el manejo de dificultades.
También han sido tres meses marcados por muchísimos cambios, algunos debidos a la pandemia COVID-19 y otros a movimientos sociales. Pero desde luego un tiempo en el que no hemos dejado de trabajar y aprender.
Desde Sinews (e imagino que desde cualquier lugar) hemos sido conscientes de dos cambios importantes y relevantes en el día a día de las compañías e instituciones internacionales, por un lado el teletrabajo y por otro la importancia de respetar y empoderar la diversidad.
El teletrabajo parece que ha venido para quedarse y que como país nos acercamos al porcentaje europeo de jornada laboral desde casa. A pesar de que empezamos a vislumbrar un nuevo proyecto de ley para su regulación, hay mucho que trabajar para sacar el máximo provecho de esta nueva alternativa.
Hace unas semanas me encontraba conversando con una empleada de una multinacional en una de nuestras sesiones de seguimiento y apoyo emocional sobre esta nueva situación y me pareció muy representativo de lo que much@s vivimos a día de hoy, tal vez incluso porque me sentí profundamente identificada.
La empleada al que llamaremos Mrs. P se encuentra trabajando fuera de su país de origen. En su caso, cuenta con la compañía de su pareja e hijos, lo cual por un lado aprecia y disfruta del tiempo que puede pasar con ellos gracias a ahorrárselo en traslados trabajo-casa, pero por otro le ha hecho enfrentarse a dificultades, tal y como ella mismo verbalizaba “Llevamos tantos años acostumbrados a tener una rutina en la que yo viajo, trabajo y el se encarga de los trámites, la casa, los traslados, que esta situación ha sido casi como empezar a conocer otras partes de nuestra propia relación”.
Mrs. P no se ha enfrentado a grandes problemas con respecto a su pareja pero si que ha vivido situaciones en las que ha tenido que gestionar tanto su tiempo como sus niveles de estrés. Tal y como comentábamos en nuestra sesión a pesar de los beneficios de trabajar desde casa, hay semanas en las que surgen “una cascada de dificultades” en distintas áreas.
Así abordamos la importancia de mantener unas rutinas y poner límites al trabajo. Creo que tod@s hemos oído hablar mucho sobre este tema y sobre la dificultad para desconectar cuando trabajamos desde casa, pero si de verdad queremos abordarlo deberíamos de ir más allá: ¿qué es lo que me hace no desconectar, no respetar ciertos límites que yo misma me pongo?
Para algunas personas puede ser la incertidumbre y el miedo al futuro laboral, para otros la necesidad de reconocimiento, ciertas creencias personales, juicios… o como en el caso de Mrs. P la necesidad de tener todo bajo control, de “micro-evaluar” cada detalle, cada posible pequeño logro o fracaso.
En nuestra sesión bisemanal hablamos sobre ello y sobre como manejarlo, así como acerca de tratar de entrenar una comunicación más amable y asertiva con su familia cuando le demandan tiempo “como si por estar en casa no estuviese trabajando” en sus propias palabras.
La sesión resulta interesante por lo representativa que es de lo que much@s sentimos teletrabajando pero también por poder normalizar esas dificultades y emociones.
Decidí escribir este post porque el mismo día que tuve la sesión con Mrs. P, por la tarde me conectaba de nuevo a nuestra plataforma online para una primera entrevista con otro empleado de una multinacional, al que llamaremos Mr. Q y tras las dos sesiones pensé cuanto mostraban nuestro panorama laboral y social actual.
Con Mr. Q tuve la oportunidad de tratar el malestar y las dificultades que anticipaba en su próximo proyecto debido a trabajar con un equipo muy diverso.
Me pareció extremadamente sincero, tod@s conocemos las virtudes de la diversidad, como cita la famosa frase italiana “Il mondo è bello perchè è vario” (el mundo es bonito gracias a su variedad), pero no por ello esta diversidad está libre de dificultades y malos ratos.
De hecho, si realmente queremos disfrutar y respetar esas diferencias lo primero que debemos hacer es ser conscientes de los sesgos que tenemos, como el de familiaridad, todos tendemos a evaluar mejor lo que nos resulta conocido, o los sesgos auto-sirvientes o de grupo, por los cuales siempre vamos a realizar juicios que beneficien a nuestro grupo y a nuestra propia identidad.
Ahí comienza el verdadero trabajo de respeto y apreciación, reconociendo nuestras evaluaciones, prejuicios y comportamientos.
Mr. Q tuvo una mala experiencia en el pasado por un tema relacionado con el lenguaje y reconoce que le afecta emocionalmente. Por un lado le hace enfadarse por el hecho de que le juzguen por “una simple frase hecha” y por otro lado le hace sentirse tenso por si esto vuelve a ocurrir.
Trabajamos durante nuestra sesión esa incomodidad y cómo regularla.
Es normal que nos sintamos enfadados o con necesidad de reafirmar nuestra posición ya que como Mr. Q comenta “me siento juzgado y tengo que defenderme”, pero puedo diferenciar entre reaccionar o responder.
Es decir, antes de dejar crecer mi enfado y mi defensividad puedo intentar darme un tiempo extra y bajando el volumen de mi emoción para responder de manera más racional. Los ejercicios de regulación emocional a través de la psico-educación, Mindfulness y relajación son muy útiles para profesionales y personas que trabajan en entornos diversos.
También trabajamos no solo en como disminuir el malestar y gestionar esas emociones difíciles sino también en aprender desde lo positivo, es decir, desde la amplificación de fortalezas. Mr. Q se considera una persona empática, de hecho asegura que sus amigos y familiares le describirían como alguien que “sabe escuchar”.
¿Por qué no aprovechar por tanto esa fortaleza que ya tiene?, cuando la idea de otra persona o su posición choca con las nuestras y nos hace sentir incómodos siempre podemos llevar la atención a la curiosidad y la empatía. Este es uno de los ejercicios prácticos que le propongo a Mr. Q:
-
Identificar el malestar, aceptarlo y tratar de “bajar su volumen”
-
Ponernos en la piel de un investigador/a, preguntando a la otra persona, recogiendo información y finalmente tratando de entender por qué se siente así.
Tal y como hablamos en nuestra sesión, estos ejercicios nos ayudan no solo a mejorar nuestra regulación emocional en situaciones interpersonales sino también a cultivar una mente abierta y empática.
Terminamos la entrevista con una serie de pautas prácticas para el manejo real de la diversidad y con la posibilidad de tener otra sesión si fuese necesario.
Como decía al comienzo de este post, estas dos sesiones son muy representativas de los problemas que actualmente encontramos y de los que somos cada vez más conscientes en nuestros servicios tanto a empresas internacionales, como a instituciones educativas y particulares.
Por ello desde Sinews trabajamos en desarrollar programas orientados a continuar creciendo en esta “nueva normalidad” digital e inclusiva.
Terminé aquella jornada de trabajo, antes de irme de merecidas vacaciones que durarían tres semanas, redactando el informe para Mr. Q, en el cual además de detallar algunas recomendaciones prácticas , le recomiende el maravilloso libro “Talking to Strangers” de Malcolm Gladwell.
Ya de vuelta al trabajo y recordando aquellas dos sesiones me doy cuenta de que este septiembre es diferente pero también un nuevo comienzo en cuanto a oportunidades y retos en el área del la salud mental y laboral.
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Psicóloga y Coach
Adultos y parejas
Idiomas de trabajo: Español e inglés
Inviernos Azules
“Winter blues” (Inviernos Azules) es un término general que significa sentirse triste o de bajo estado de ánimo, sentir melancolía e infelicidad y suele estar relacionado a cuando los días se hacen más cortos, hay menos horas de luz y se acerca el otoño y el invierno. Estas sensaciones aparecen en respuesta a situaciones específicas, tales como vacaciones estresantes, o recordar la ausencia de nuestros seres queridos.
Por el contrario, cuando hablamos del Trastorno Afectivo Estacional, nos referimos a un tipo de Trastorno del Estado de Ánimo relacionado con los cambios en las estaciones del año. Los síntomas aparecen en otoño y continúan en los meses de invierno, y suelen desaparecer durante los días soleados de primavera y verano. Algunos de los síntomas más comunes son los siguientes:
- Sentirse deprimido/a
- Pérdida de interés en las actividades que antes disfrutabas
- Sentirse fatigado/a o sin energía
- Problemas de sueño
- Cambios en el apetito
- Dificultad de concentración
- Sentir desesperanza, sentirse inútil o culpable
- Pensamientos acerca de la muerte
En el caso de los “Winter blues”, estas sensaciones son temporales y suelen desaparecer, mientras que en el Trastorno Afectivo Estacional los síntomas pueden durar varios meses.
Causas
Las causas específicas son desconocidas, aunque existen determinados factores que contribuyen las fluctuaciones en el estado de ánimo, como pueden ser los cambios en el ritmo circadiano (tu reloj interno) y una bajada en los niveles de serotonina y melatonina.
Normalmente, los días más felices de la semana son aquellos en los que hacemos más actividades agradables: los fines de semana.
Otros factores que influyen son los cambios de actividad. Cuando se acerca el otoño y el invierno hace más frío y hay más oscuridad, por lo que a algunas personas les resulta más difícil continuar llevando a cabo las actividades que antes realizaban. Al reducir estas actividades y dejar de disfrutar de lo que hacían en primavera y en verano, también descienden los niveles de dopamina.
Existe un vínculo directo entre el número de actividades agradables que realizamos y la calidad de nuestro estado de ánimo. Normalmente, los días más felices de la semana son aquellos en los que hacemos más actividades agradables: los fines de semana. El fin de semana pasamos más tiempo con nuestros amigos, leemos nuestro libro favorito, hacemos deporte, y también otras actividades que potencian nuestro estado de ánimo. Lo mismo ocurre cuando estamos de vacaciones. Cuando realizamos actividades agradables, aumentamos nuestros niveles de dopamina y por tanto nos sentimos más felices.
Estrategias para lidiar con los síntomas
Nuestro estado de ánimo es resultante de una balanza imaginaria, donde pesamos la cantidad y la calidad de eventos positivos y negativos. Cuando los días se hacen más cortos, el clima se vuelve menos favorable, y se reducen las horas de sol, esto puede conllevar a que también reduzcamos las actividades al aire libre, y, por tanto, los eventos positivos. Si queremos mejorar nuestro estado de ánimo, entonces es importante que incrementemos los eventos positivos y reduzcamos los negativos en la medida de lo posible.
El primer paso será por lo tanto incrementar el número de actividades agradables que hacemos y volver a realizar las actividades que hacíamos y dejamos de hacer antes de sentirnos con estado de ánimo bajo. Es importante utilizar nuestra memoria y nuestro razonamiento y dejar a un lado nuestro estado de ánimo actual para completar la siguiente tabla:
Dificultad | Nivel de Satisfacción | |
Actividades agradables pasadas (que hacíamos antes pero que hemos dejado de hacer) | ||
Actividades agradables presentes (Actividades que aún continuamos haciendo) | ||
Actividades agradables futuras (Actividades que no hemos probado nunca pero que pensamos que podríamos llegar a disfrutar) |
El primer paso será elegir las actividades presentes y pasadas, y también aquellas actividades que sabemos que no costarán mucho esfuerzo pero que nos proporcionarán un alto nivel de satisfacción. Por ejemplo, no podemos empezar por proponernos el ir al gimnasio tres veces por semana si nunca hemos ido al gimnasio antes. Sería más fácil, por ejemplo, tocar la guitarra si ya tocábamos la guitarra en el pasado (poco esfuerzo, mucha satisfacción).
En segundo lugar, lo más importante es completar el tiempo que nos hemos propuesto para esa actividad específica: Ej. Tocar la guitarra diez minutos, en lugar de centrarnos en los resultados finales (tocar una canción entera perfectamente).
El objetivo principal de esta actividad no es obtener resultados perfectos en la actividad elegida, sino vencer la inercia. De esta manera, si no lo hacemos perfectamente bien, hemos cumplido nuestro objetivo (salir del círculo de la pérdida).

A continuación, se proponen otros consejos para vencer los “Winter Blues”:
- Levantarse una hora antes para aprovechar la luz del sol al máximo (y así incrementar los niveles de melatonina)
- Nuestro cerebro agradece enormemente la estimulación visual. Conforme se acerca el invierno, todo se vuelve más oscuro y sin color. Busca una vida o experiencias llenas de colores vivos y exponte a estos colores para estimular tu cerebro. Por ejemplo, puedes salir fuera a algún sitio con césped y edificios de colores; también puedes ver vídeos con muchos colores.
- Hacer ejercicio: Está comprobado que el ejercicio puede aumentar nuestros niveles de energía y reactivar nuestro cuerpo y mente (como ya hemos dicho antes, es importante empezar con actividades que requieran poco esfuerzo, pero un alto nivel de satisfacción y comenzar por objetivos muy pequeños al principio).
- Intentar no anticipar la oscuridad. En la medida de lo posible, es importante intentar ser conscientes del momento presente y de disfrutar las horas de luz todo lo que se pueda.
- Ser creativo/a: Proponernos un objetivo estos meses y trabajar para lograrlo. Esto puede ser una gran motivación. Es importante comenzar con pasos muy pequeños para poder alcanzarlo.
- Otra sugerencia es comprar luces SAD. No “curan” los “Winter Blues”, pero se ha comprobado que mejoran nuestros niveles de Melatonina y de Vitamina D, y por lo tanto pueden ayudar a la mejora de los síntomas.
- Cambiar la dieta. Algunos tipos de comida nos hacen sentir bien. Comer alimentos con altos niveles de triptófano puede aumentar de forma natural nuestros niveles de melatonina. El triptófano es un aminoácido que nuestro cuerpo no produce naturalmente, pero que es necesario para la producción de melatonina. Este aminoácido se puede encontrar en casi todos los alimentos que contienen proteínas, tales como las almendras, la avena, el pavo, el pollo y el queso. A su vez, tener una dieta equilibrada y beber mucha agua contribuye a incrementar nuestros niveles de energía.
- Por último, pero no menos importante, no ser duros/as con nosotros mismos/as es clave. Existe una explicación para sentirnos así, y poner mucha presión en nosotros/as mismos/as no va a conseguir que los síntomas mejoren. Se ha demostrado que el reforzamiento positivo (cuidarnos y mimarnos) es un tratamiento mucho más eficaz que el castigo (autocrítica).
Recordemos: Cuantas más actividades que nos gustan realicemos e incluyamos en nuestra rutina, mejor será estado de ánimo, ya que incrementarán nuestros niveles de dopamina y por tanto, será cada vez más fácil realizar estas actividades (Cuanta más dopamina, más fácil resulta el realizar actividades que nos gustan).
Si después de seguir estas pautas continúas sintiéndote con estado de ánimo bajo, un/a psicólogo/a cognitivo conductual (TCC) puede ayudarte para mejorar los síntomas de los “Winter Blues”. La TCC es la terapia más eficaz y científica para el tratamiento de estos síntomas.
Los Niños y La Gratitud
Al pensar en nuestra infancia, ¿cuántos de nosotros podemos recordar a nuestros padres, profesores y abuelos animándonos (enfáticamente) a dar las gracias cuando recibíamos un regalo o cuando alguien nos ayudaba con algo?
En lo que a mí respecta, recuerdo que mostrar gratitud y aprecio por lo recibido era tremendamente importante para los adultos con los que crecí. Si bien llegué a comprender con el paso del tiempo que las personas se sentían bien cuando yo les daba las gracias, mucho antes de que el concepto de empatía entrase a mi consciencia, yo vivía la gratitud como como una regla, una cosa más que “había que hacer”: Dar las gracias equivalía a ser cortés.
El ser cortés siempre ha sido y continúa siendo una cualidad muy valorada entre los seres humanos. Todos querríamos asegurarnos de que nuestros niños la llevasen consigo a lo largo de sus vidas. La cortesía habla bien no solo del niño que la práctica, sino del adulto responsable de haberla enseñado. Es una habilidad social que abre puertas. Podríamos decir que sólo nos deja ganancias. Y es, sin embargo, tan sólo una pequeña parte de algo mucho más grande: La gratitud.
Si fuésemos conscientes del peso psicológico que tiene la gratitud como valor vital, estaríamos menos preocupados por la simple cortesía y mucho más centrados en cultivar la gratitud, convirtiéndola entonces en una necesidad. Nos preocuparíamos tanto de ella como nos preocupamos de fomentar, por ejemplo, la habilidad matemática en nuestros hijos.
En términos generales la gratitud se asocia con la capacidad de dar las gracias, pero el interés de la psicología en la misma y las investigaciones que se han realizado como consecuencia de ello nos han permitido comprender que encierra una mayor complejidad.
Dicha complejidad queda perfectamente esclarecida por Robert Emmons, reconocida figura en lo que a gratitud respecta. Es profesor de psicología en la Universidad de California y se le considera uno de los mayores expertos mundiales en el campo que nos ocupa. Para él, la gratitud es un proceso que consta de dos partes.
La primera gira en torno a reconocer lo bueno presente en la vida del individuo.
Se podría decir que la gratitud inicia cuando la persona se detiene, presta atención y por ende, se da cuenta de que ha recibido algo (sea en el momento, en un pasado reciente o lejano).
La segunda parte del proceso consiste, según Emmons, en reconocer que la fuente de eso bueno que se ha recibido yace, al menos en parte, fuera del “self” (yo). Dicho de otro modo, la gratitud está directamente relacionada con la humildad, porque la persona se hace consciente de que alguien o algo lo ha provisto de cosas que han contribuido a su bienestar.
A título personal, reconozco que a mi todo me suena como un gran regalo. Un proceso mágico por medio del que podemos apreciar bonanza en nuestra propia existencia, y contactar así con emociones positivas. Pero los beneficios de la gratitud van más allá: Los experimentos en materia de gratitud la han relacionado directamente con una mirada más optimista hacia la vida, mayor sensación de conexión con los demás, mayor longitud y calidad de sueño y con la disminución de quejas somáticas tales como el dolor. (Extracto y traducción de una entrevista a Robert Emmons para el blog SharpBrains, 2007).
¿Cómo podemos entonces enseñar a nuestros chicos el valor dela gratitud, la cual, si bien incluye la cortesía, la trasciende?
- Modelar la gratitud: Hace muchos años ya, los psicólogos conductista comprendieron (a través de sus investigaciones) que una parte fundamental de la experiencia de aprendizaje de un comportamiento, reside en demostrar de una manera visual los pasos que conlleva para que el mismo pueda ser reproducido por el observador. Si queremos cultivar la gratitud en un niño, tenemos que enseñarle cómo se ejecuta.Imaginemos que vamos a dar un paseo por el parque o la sierra en pleno otoño. Esa sería una oportunidad perfecta para practicar el ser agradecidos. Como adultos podemos modelar la sorpresa y el entusiasmo de poder ver todas las tonalidades de amarillo, naranja y rojo. ¿Cómo?: abriendo nuestros ojos, utilizando un tono de voz alto y enumerando de manera detallada lo que vemos que nos causa fascinación. Para concluir podemos verbalizar lo mucho que nos alegra el poder estar ahí juntos experimentado todo eso.
- Crear rituales familiares: Crear un ritual de gratitud no tiene por qué ser algo complejo. Simplemente se trata de buscar un momento del día en el que los miembros de la familia puedan expresar los motivos por los cuales se sienten agradecidos (quizás a la hora de cenar o después de la lectura del cuento antes de dormir). La edad de los chicos va a influir en las palabras que se escojan para expresar el mensaje. Si estamos con un niño pequeño, de 3 ó 4 años, se pueden utilizar expresiones más simple como por ejemplo: Estoy muy feliz porque hoy…X.Si los horarios de la familia son complejos y cuesta que todos puedan estar presentes a la vez, se puede crear el “frasco/tarro de la gratitud”. Se trata de asignar un color diferente de papel a cada miembro de la familia. Al transcurrir la semana, cuando uno de ellos se sienta feliz o agradecido por algo, lo escribe y deposita en el frasco. Al llegar el fin de semana la familia puede sentarse a compartir una merienda mientras lee el contenido del frasco/tarro.
- Fomentar la expresión explícita de agradecimiento a través de cartas de gratitud. La definición de gratitud de Robert Emmons refleja que es un proceso activo, que requiere de reflexión e intencionalidad. Si fomentamos que nuestros chicos escriban notas de gratitud, estaremos ayudándoles a detenerse y pensar en los gestos y acciones que personas de su alrededor han realizado para con ellos, permitiéndoles así experimentar emociones positivas y agradables. Así mismo, estaremos brindándoles la oportunidad de presenciar cómo pueden contribuir al bienestar emocional de la persona que recibe las gracias
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Psicóloga
Niños, adolescentes y adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
Aprender a Practicar Mindfulness, por Vicente Simón

Para todos los que buscan conectar con el presente, salir del modo “piloto automático” y vivir plenamente, el psiquiatra Vicente Simón nos introduce a la práctica del mindfulness con su libro “Aprender a practicar mindfulness”.
La traducción más cercana de “mindfulness” sería atención o conciencia plena. Esto significa, prestar atención al momento presente de forma intencional y exenta de juicio. O alternativamente, ser consciente de lo que se experimenta mientras se está experimentando. El autor nos proporciona su propia definición de mindfulness, que es: “la capacidad humana universal y básica, que consiste en la posibilidad de ser conscientes de los contenidos de la mente momento a momento”.
En resumen, el mindfulness consiste en dejar de lado las preocupaciones constantes sobre el futuro y el pasado, pudiendo acercarnos a nuestras experiencias de forma calmada, con una mente que se centra en el presente con sosiego y relajada concentración en vez de rumiar sobre escenarios futuros que nos producen ansiedad.
A lo largo de este sencillo y ligero manual, el doctor Simón nos acerca a las observaciones de diferentes pensadores y filósofos sobre la conciencia plena en el presente y nos desgrana los puntos más importantes de la práctica mindfulness: la observación, aprender a no identificarnos con nuestros estados emocionales, la aceptación y ausencia de juicio, la curiosidad, las estrategias de afrontamiento para manejar emociones intensas y negativas, la práctica del amor propio y autoaceptación…
Además de proporcionarnos las herramientas necesarias para comprender y practicar el mindfulness, Simón nos brinda diferentes meditaciones guiadas con las cuales poder comenzar a ejercitar este nuevo estado de conciencia en nuestro día a día.
Como concluye el autor, el constante torrente de preocupaciones que nada tienen que ver con la experiencia presente, impide la vida misma. Es por ello que la práctica del mindfulness se convierte en una herramienta básica a la hora de acercarnos a la tranquilidad y plenitud.
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Psicóloga
Adultos y adolescentes
Idiomas de trabajo: Español e inglés
Enganchad@ a Las Nuevas Tecnologías
Cuando hablamos de adicción a las nuevas tecnologías, es frecuente que, automáticamente, traigamos a nuestra mente la imagen de un niño o niña con un dispositivo electrónico cualquiera.
No es raro, hoy en día, echar un vistazo alrededor en un restaurante y ver a los padres aplacar la actividad de sus hijos a través de un aparato, ya sea tableta, móvil u otro. Sin duda, la eficacia de esta técnica es incuestionable.
A modo de sedante para niños y padres, mantener absortos a los pequeños en una actividad digital reduce la actividad de éstos como veníamos diciendo, pero también nuestra implicación en el manejo de sus comportamientos. No obstante, las víctimas -sí, víctimas- de esta estrategia no son solamente los niños, también los adultos, tema en el que se centrará el presente artículo.
De forma resumida, podríamos describir la adicción a las nuevas tecnologías como el uso excesivo de aparatos electrónicos, sumado a la necesidad de utilizarlos cuando hemos estado un tiempo prolongado (o no tan prolongado, en algunos casos) apartados de ellos, y con una función calmante y/o placentera a veces difícil de reconocer.
En la era de la hiperconectividad, es esperable que muchas de nuestras actividades se hagan a través de las nuevas tecnologías, desde quedar con nuestros amigos, pasando por informarnos sobre algo de forma rápida o comprar un producto en cuestión de segundos a golpe de dedo. La utilidad es más que evidente.
Sin embargo, la cara oscura de esta utilidad reside en la inmediatez del premio, del refuerzo o de la satisfacción. Nos sentimos más tranquilos cuando obtenemos respuesta por parte de nuestra pareja en el momento en lugar de esperar a vernos. Nos sentimos especialmente reconocidos cuando los “likes” crecen como la espuma y podemos observar en tiempo real este fenómeno tan satisfactorio. Nos sentimos con mayor control pudiendo acudir de forma inmediata a una información que resuelva una duda del momento. En definitiva, la prontitud de la respuesta adquiere un fuerte tinte de recompensa. Esto por supuesto dista enormemente de ser inocuo.
Es necesario recurrir a una explicación breve de nuestros mecanismos cerebrales para comprender cómo funciona el asunto en cuestión, y, para ello, haremos referencia al mecanismo de recompensa de nuestro cerebro. Este sistema forma parte de nuestro “cerebro primitivo”. Esto implica que guarda una fuerte relación con la supervivencia animal, pues “informa” de una sensación placentera.
De forma extremadamente resumida, el circuito de recompensa localiza estímulos placenteros (ej: un buen plato de comida, un abrazo o una droga). La consecuencia de “acceder” a ese estímulo es la liberación de neurotransmisores, a saber, dopamina y serotonina, que producen en nosotros una intensa sensación de bienestar. Otros ejemplos claros son cuando me doy un abrazo con alguien que me encanta, cuando compro algo a través del móvil que ansiaba desde hace tiempo, cuando acierto una respuesta jugando a un juego de mesa -y persisto en el juego tras ese atino-, o cuando veo una notificación de la persona que me gusta.
Pues bien, teniendo en cuenta todo lo anterior, es esperable que los adultos obtengan ese bienestar a través de sus dispositivos móviles, de la misma manera que los jóvenes y los niños.
Parece interesante, además, hacer referencia a la calma que proporciona a unos padres tener localizado a su hijo o hija gracias a su teléfono. La inmediatez juega una vez más un papel fundamental.
Esto quiere decir que el refuerzo, a saber, la sensación de calma que obtenemos al saber dónde se encuentra nuestro hijo o hija, hace que acudamos a nuestro teléfono con mayor asiduidad para aplacar sentimientos displacenteros. Es lo que llamaríamos un refuerzo negativo, cuyo matiz consiste en la reducción del malestar. Los refuerzos positivos se distinguen de los anteriores puesto que proporcionan bienestar. Un ejemplo puede ser cuando pido algo para comer a través del móvil, cuando escucho música que me gusta o estoy en contacto con la persona a la que ansío.
En definitiva, nadie escapa con facilidad a la trampa de los dispositivos electrónicos. Además, como decíamos previamente, en la era de la hiperconectividad resulta paradójico que cada vez nos encontremos más distanciados y aislados. Estamos presentes físicamente pero no mentalmente. Quedamos con nuestros amigos pero dedicamos buena parte de esos momentos a estar pendientes de cosas que no guardan relación alguna con el momento específico. Puedo estar tomándome una cerveza con mi mejor amigo de la carrera pero me abstraigo de la situación hablando con alguien que puede encontrarse en Honolulu.
Los adultos también experimentamos estas situaciones, y parece pertinente hacer especial mención a los padres: el uso de dispositivos y sus aplicaciones confieren a los padres una sensación ilusoria de conexión con sus hijos. Al percibir el alejamiento de éstos, los padres tratan de encontrar otras vías de comunicación con ellos, y es aquí donde juegan un rol primordial las nuevas tecnologías. No es raro ver a padres tratando de acercarse a sus hijos enseñándoles qué se han descargado en el móvil o el último chiste que les han mandado.
La añoranza de un contacto más genuino, más íntimo y menos mediado por lo electrónico empuja a los padres a encontrar otras vías de acceso a sus hijos e hijas, pudiendo verse atrapados también en el uso excesivo de estas tecnologías.
¿Por qué mi terapeuta me pregunta sobre mi infancia y la relación con mis padres? La importancia en psicoterapia de explorar las relaciones tempranas durante la infancia
Generalmente, cuando tomamos la decisión de ir a terapia es porque tenemos algún problema en el presente que nos genera malestar y nos vemos sin recursos para poder manejar la situación de forma efectiva. A veces, este problema lleva un tiempo con nosotros (meses, años); otras veces, ocurre algo repentino en nuestra vida que hace que busquemos ayuda de forma inmediata. Independientemente del tiempo con el que llevemos conviviendo con el problema, lo que suele ocurrir cuando decidimos comenzar terapia es que este problema interfiere de forma significativa en el presente en diferentes ámbitos de nuestra vida (personal, familiar, laboral, académica, de pareja, etc.).
Durante la terapia, nuestro terapeuta nos va a realizar preguntas para entender cómo se manifiesta el problema (sintomatología), desde hace cuanto tiempo convivimos con él y cómo nos afecta a las diferentes áreas de nuestra vida. También nos va a hacer preguntas sobre nuestra infancia, adolescencia y edad adulta, pero especialmente, va a querer profundizar en las experiencias tempranas con nuestros padres o personas cercanas con las que crecimos.
Evidentemente, podemos entender que sea importante que nuestro terapeuta nos conozca, no solo en el presente, si no que también conozca nuestra trayectoria vital, pero ¿por qué tanto interés en conocer las experiencias relacionales en la infancia?
Veamos por qué es tan importante conocer en profundidad estas experiencias infantiles para entender los problemas o dificultades que tenemos en el presente.
En la infancia, a través de la interacción con las personas que nos rodean y con el mundo exterior, se comienzan a establecer los patrones de pensamiento y comportamiento, las estrategias de afrontamiento y habilidades de regulación emocional, así como los esquemas mentales sobre cómo funcionan las relaciones con los seres queridos o personas del entorno cercano.
Puesto que cuando somos pequeños somos dependientes de los adultos cercanos para poder sobrevivir, cuando somos niños vamos a hacer todo lo posible por mantener a nuestros padres/cuidadores lo más cerca posible para que satisfagan nuestras necesidades (físicas, emocionales, cognitivas, sociales). Para ello aprenderemos, a través de la interacción con ellos, cómo tenemos que comportarnos para recibir atención, amor y cuidados. Así, a través de las experiencias tempranas con nuestros padres/cuidadores aprendemos nociones básicas sobre como funcionan las relaciones afectivas en términos de cuidado, seguridad, intimidad y dependencia.
En la interacción con nuestros padres/cuidadores también empezaremos a forjar el concepto de nosotros mismos en base a las cosas por las que se nos valora, recompensa o se nos quiere; y en base a las cosas por las que se nos castiga, desprecia o maltrata. De esta forma, comenzaremos a desarrollar nuestro autoconcepto, nuestra opinión sobre nosotros mismos, en términos de si somos válidos, suficientemente buenos, o merecedores de amor/cuidado/atención por parte de las figuras importantes de nuestra vida. Así mismo, comenzaremos a conformar nuestro sistema de valores y de creencias, nuestra idea sobre lo que tiene valor en el mundo, tanto respecto a nosotros mismos como con respecto a los demás.
Por tanto, las experiencias infantiles con nuestros padres/cuidadores tendrán un gran impacto sobre quienes somos y sobre cómo pensamos, sentimos y nos comportamos tanto en la adolescencia como en la edad adulta. Así, vemos como los patrones de relación, comportamiento y pensamiento que adquirimos en la infancia nos acompañarán a lo largo de nuestra vida.
Evidentemente, esto no significa que otras experiencias posteriores ocurridas durante otras etapas de la vida no tengan impacto sobre nuestros esquemas mentales y patrones comportamentales; por supuesto que sí. Sin embargo, las experiencias tempranas con nuestros padres/cuidadores van a establecer las bases sobre la forma en la que vemos y nos enfrentamos al mundo y a las relaciones interpersonales. Y esto es fundamental a la hora de entender el origen de los problemas que podemos tener en el presente.
Veamos un ejemplo:
Si un niño ha sufrido abandono o negligencia durante la infancia, si ha crecido en un ambiente en el que sus padres no han estado disponibles para atender sus necesidades de forma consistente y predecible, el niño no se sentirá seguro en la relación con ellos. Crecerá con la sensación de que no puede depender de las personas cercanas y es probable que tenga miedo a ser abandonado, pues la experiencia le indica que no puede confiar en que las personas cercanas vayan a estar disponibles cuando las necesite. De esta forma, en la interacción con sus padres se irán formando sus esquemas mentales sobre como funcionan las relaciones afectivas, y esta será la base de la cual partirá en posteriores relaciones de amistad o de pareja.
Como hemos explicado anteriormente, los niños van a desarrollar ciertas conductas para mantener a los padres lo más cerca posible y aumentar así las posibilidades de que sus necesidades sean cubiertas. Así, ante la falta de atención y cuidado por falta de los padres, es probable que este niño llore desconsoladamente cuando se separe de ellos con el objetivo de evitar la separación. También es probable que le moleste que los padres presten atención a otras personas, pues eso minimizaría sus posibilidades de ser atendido. Generalmente, la incertidumbre respecto a la satisfacción de necesidades se traduce en gran malestar, desconcierto, sensación de falta de control y miedo al abandono.
Respecto al concepto de sí mismo, es probable que este niño sienta que no es querible, que no es suficiente, que hay algo malo en él que hace que las personas cercanas no le quieran/cuiden/atiendan (a nivel más inconsciente). Al formarse estos esquemas en la infancia, los niños no pueden llegar a entender el complejo mundo de los adultos y las razones por las cuales los padres/cuidadores no les atienden adecuadamente, por lo que generalmente, asumen la responsabilidad por la falta de atención o cuidado por parte de los padres. De esta forma, este niño irá formando un concepto negativo de sí mismo que, a su vez, le afectará en posteriores relaciones y otros contextos de la vida (de pareja, laboral, académico, etc.).
Así, es muy probable que cuando este niño se convierta en adulto, en futuras relaciones, especialmente en relaciones de pareja, siga manteniendo este concepto de sí mismo y estos patrones de pensamiento y comportamiento. Esto se puede manifestar en las relaciones adultas en problemas de celos, dificultades para confiar en la pareja, miedo constante a que la pareja le abandone, enfadarse constantes porque la pareja pase tiempo con otras personas o realizando sus hobbies, etc. Como vemos, estos comportamientos se parecen mucho a los comportamientos que esta persona utilizaba en la infancia para llamar la atención de sus padres/cuidadores.
Estos patrones de pensamiento y comportamiento se suelen mantener con independencia del comportamiento de la pareja, pues son los esquemas de relación que construyó en la infancia. Es decir que, aunque su pareja no diera ninguna señal que indicara la intención de abandono, esta persona seguiría teniendo miedo porque parte de la expectativa de que las personas cercanas no son confiables y se van a marchar en algún momento. Respecto al concepto de sí mismo, esta persona seguirá sintiendo que no es suficiente, y probablemente no entenderá por qué su pareja quiere estar con él; de aquí, también el miedo al abandono.
Así, vemos como estos esquemas de relación que esta persona adquirió en la infancia, fundamentalmente en el contexto familiar, le acompañarán a lo largo de su vida y serán trasladados a otros contextos y a otras personas.
En el caso particular de esta persona, estos patrones de pensamiento y comportamiento probablemente darán lugar a altos niveles de ansiedad y a síntomas depresivos, además de gran cantidad de conflictos y malestar en la pareja. Estos problemas serán las razones por las cuales esta persona tomará la decisión de comenzar la terapia. Así, vemos como los problemas que presenta esta persona en el presente tiene sus raíces en las relaciones tempranas con sus padres.
Por esta razón, en terapia siempre exploraremos las relaciones infantiles. Lo que iremos haciendo en terapia será conectar presente y pasado, y veremos como lo que está ocurriendo en el presente tiene relación con las experiencias pasadas y con formas de funcionar en el mundo que aprendimos durante la infancia.
Al inicio del tratamiento abordaremos la sintomatología y las dificultades en el presente, proporcionado entendimiento sobre el origen y mantenimiento de los problemas y proporcionando herramientas para gestionar estas dificultades. Posteriormente, abordaremos temas más profundos, que nos lleven a cuestionarnos los patrones de pensamiento/comportamiento, los esquemas de relación, las creencias y valores; los cuales se instauraron en la infancia y son la base de nuestros problemas en el presente. A raíz de este proceso de cuestionamiento, iremos sustituyendo estos esquemas por otros que sean más adaptativos y que estén más ajustados a la realidad que estamos viviendo. Lo cual se traducirá en un impacto positivo en nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos en el presente, y mejorará así nuestro estado de ánimo y la calidad de vida.
Departamento Psicológico, Psicoterapéutico y Coaching
Psicóloga
Adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
El Regreso a Clases y La Ansiedad por Separación
Septiembre ha sido un mes difícil para todos, especialmente para los más pequeños de la casa.
Después de mucho tiempo sin ir a la escuela, se vieron en la tesitura de tener que regresar, pero con muchas restricciones y medidas para su seguridad y sus maestros.
La gran mayoría ha demostrado una increíble entereza dándonos una valiosa lección, adaptándose a nuestra nueva normalidad con una excelente disposición. Han aprendido la distancia adecuada que deben mantener de sus compañeros, usan sus máscaras en todo momento, se lavan las manos tantas veces como les recordemos, han aprendido nuevas formas de saludar a sus compañeros y profesores, entre otras cosas. Además, todo esto lo han hecho con tenacidad y sin quejarse cuando les llaman la atención por no seguir las normativas.
Los niños y niñas han regresado al colegio sabiendo que existe un virus que podría poner en peligro a sus seres queridos. De ninguna manera quieren ser los causantes de que alguno de sus familiares caiga enfermo. Por esta razón, cumplen con las restricciones a rajatabla a pesar de no entender muy bien de donde provienen (por lo menos la complicada teoría que hay detrás de la palabra contagio o pandemia).
Sin embargo, con todos los cambios e incertidumbres que han atravesado durante los últimos seis meses, y con el recordatorio constante de la posibilidad de enfermarse con el virus, la ansiedad por separación ha sido un sentimiento común para algunos niños y adolescentes durante el último mes.
Este trastorno aparece cuando los niños o niñas creen que hay una gran probabilidad de que les ocurra algo malo, principalmente a sus padres o al cuidador principal.
Si además tenemos en cuenta que, durante los últimos seis meses, la mayoría de ellos han compartido su casa con sus padres viéndolos de manera regular, el apego hacia ellos ha aumentado. Durante esos meses han construido rutinas y hábitos en comunión con sus padres que ahora deben dejar a un lado. Deben regresar a la escuela alejándose del hogar que ha sido su fuente de seguridad y estabilidad durante la época de cuarentena. Tienen que pasar a ver a sus padres pequeños ratos en las mañanas o en las tardes, mientras pasan la mayoría del tiempo lejos de ellos sin poder comprobar que se encuentran bien, seguros y sanos.
El miedo cobra sentido cuando están lejos de su círculo de seguridad, pierden esa sensación de que nada malo puede ocurrirles generando inmensa ansiedad cada vez que se encuentran lejos de sus familiares. Por otro lado, ir al colegio los pone en riesgo de contraer el virus y contagiar a alguno de sus familiares. Por lo tanto, se sienten en riesgo constante al estar expuestos en el colegio.
¿Qué podríamos hacer para ayudar a nuestros niños, niñas y adolescentes a hacer frente a estos altos niveles de ansiedad?
En primer lugar hay que darle cabida al miedo. Reconocer que existe y permitirles que lo expresen es el paso mas importante para superar cualquier miedo o nerviosismo que puedan sentir los mas peques. Si no cuentan con un vocabulario amplio para expresarse podemos ayudarles a través de dibujos, cuentos o juegos, ofreciéndoles el lenguaje necesario para exteriorizar lo que están sintiendo. Si cuentan con vocabulario y lenguaje suficientemente desarrollado hagamos preguntas como ¿Qué te da miedo? ¿Te asusta volver a la escuela? ¿Por qué? Una vez que hayan descrito con palabras lo que sienten empaticemos con ellos con frases como
- «Si estuviera en tu lugar sentiría lo mismo»
- «Está bien sentirse así / o sentir estas emociones»
- «Volver a la escuela debe ser duro hoy en día, creo que eres muy valiente».
Al empatizar le damos espacio a que converse con nosotros lo que esta experimentando y podamos plantear estrategias exitosas para afrontar sus miedos.
Entre esas estrategias tenga en cuenta:
- Consolar a vuestros hijos e hijas siempre con la verdad por delante. Si los engañamos ellos se darán cuenta y podrían confundirse dejando de confiar en vosotros en el largo plazo. Admitamos que a pesar de la situación no ser la mas idónea tiene muchos aspectos positivos como volver a ver a sus profesores y compañeros, aprender mas cosas en conjunto con sus compañeros, tener una rutina, entre otras cosas. Todas las ventajas que podáis darles cuanto mas especificas mejor. Esto no cambiara la situación, pero hará que sea mas llevadera.
- No puede ayudar a su hijo o hija si no es consciente de lo que esta sintiendo. Comprenda sus propias emociones para que pueda compartirlas con ellos. De esta manera se sentirán apoyados y validados al no ser los únicos que sienten esos miedos. Demostrarles sus sentimientos y emociones los ennoblece ante sus hijos, les hace sentir menos raros aceptando la realidad y adaptándose mejor a ella. Eso si teniendo siempre en cuenta que el miedo no os debe paralizar, que debéis seguir adelante y seguir yendo al colegio. Cada día que asista al cole es un paso más en la batalla que afrontan contra la ansiedad por separación.
- Podéis poner en práctica técnicas de relajación antes de ir a la cama o antes de ingresar a la escuela, disminuyendo un poco la intensidad de la ansiedad. Con los niños pequeños, puede usar un globo, pidiéndoles que lo llenen lentamente y luego, mientras deja que el aire salga del globo, expulsar el aire que ha llenado sus pulmones muy lentamente. Otro ejercicio que puede realizar es el cuadrado de la respiración, inhale, retenga el aire durante cinco segundos y luego exhale muy lentamente. Estos ejercicios puede repetirlos entre tres o cuatro veces hasta conseguir una respiración pausada.
- Escriba o haga un dibujo con vuestros hijos o hijas sobre sus miedos, qué pasa con ellos, cuáles son sus pensamientos, sus sentimientos, qué es lo que más temen. Pueden hacerlo como un cómic poniendo distintas etapas de su día a día y como se enfrenta a cada una de ellas. Recuérdele su cómic favorito de superhéroes o de dibujos animados para que lo retraten de esa manera. Toda historia tiene un inicio un desarrollo y un final, al elaborarlo de esta manera consigue que su hijo lo elabore de esa manera en su pensamiento. Dibujar o escribir son actividades que pueden resultar terapéuticas.
Hay que estar atento a si vuestros hijos están reflejando lo que están observando en casa. Hay que poner límites saludables a la información que entra en casa, no solo por nuestra salud mental sino también por la de nuestros hijos. Estos limites permitirán que no nos sobrecarguemos de información aumentando nuestros propios niveles de ansiedad y por tanto los de nuestros hijos e hijas. Es bueno ser consciente de lo que nos preocupa para que podamos trabajar sobre ello y así no transmitírselo a nuestros hijos e hijas.
Cuando hacemos introspección también debemos poner en tela de juicio si nuestros miedos son racionales o no, si se adecuan a la situación y si tienen un origen justificado. Son tiempos difíciles donde nos enfrentamos a una realidad cambiante que como consecuencia generan gran incertidumbre en todos los aspectos de nuestras vidas. Esto puede llegar a paralizarnos afectando nuestros hábitos de salud mental.
Por eso es de vital importancia recordar que debemos dormir al menos unas ocho horas diarias, comer en base a una dieta balanceada, adherirnos a una rutina relativamente estable, dedicar tiempo a actividades de ocio y entretenimiento, hablar sobre lo que nos concierne o preocupa y si es necesario acudir a un especialista.
Estar en sintonía con tus sentimientos y emociones te permite reconocerlas mas fácilmente en tus hijos e hijas. Si sabes el origen de los mismos pueden poner en marcha los mecanismos necesarios para hacerles frente.