Violencia contra la mujer- la rueda del maltrato 2

La propuesta recogida en la noticia, que aún no se ha concretado en cambios legales pero que con un poco de suerte lo hará, sirve para destacar que la violencia contra la mujer tiene múltiples facetas, no solo se trata de los golpes o muertes, sino que es mucho más amplia, y a menudo sufrida en silencio o incluso justificada.

Psicólogos y psiquiatras ocupamos una posición privilegiada en cuanto a la posibilidad de concienciar a víctimas (mejor, supervivientes) y quizás prevenir futuras violencias. Tenemos la obligación ética de dar a conocer a la sociedad en general estos temas con el objetivo de prevenir esta violencia contra las mujeres, en todas sus facetas.

Sirvan pues estas líneas para dar a conocer la llamada «rueda del maltrato» o «rueda del poder y control», que aclara sobremanera cuáles son los tipos de violencia y sus manifestaciones.

Rueda

Violencia contra la mujer- la rueda del maltrato 3

Adaptada de: https://www.theduluthmodel.org/wp-content/uploads/2017/03/Poder-y-Control.pdf

Esta rueda fue creada por el proyecto de intervención contra el maltrato doméstico (Domestic Abuse Intervention Project) en Duluth, Minnesota, en 1984, con el fin de describir la violencia a las víctimas, los agresores y los profesionales del sistema judicial y la sociedad en su conjunto. Escucharon las historias de terror de las mujeres que atendían y pusieron negro sobre blanco las muy variadas maneras en que los hombres ejercían la violencia; el centro de la rueda lo ocupa el poder y control, los radios son los distintos comportamientos que aseguran ese poder, y la violencia, ya sea física o sexual, constituye la llanta de la rueda porque conforma y contiene todo lo demás.

Lo que sigue son ejemplos, para nada exhaustivos, de todos esos comportamientos, con el fin de que seamos más capaces de reconocerlos, ponerlos nombre y defendernos, en nosotros y en personas que conocemos, y desterrar al sumidero de la Historia los comportamientos machistas.

Intimidación

Intimidar, según el diccionario de la RAE, significa «causar o infundir miedo, inhibir», y ese es el propósito del maltratador. «Cuando decía algo que no le gustaba me miraba de cierta forma, ya sabía lo que venía después». La intimidación se consigue entonces mediante miradas y gestos (recurso muy explotado por los actores), acciones, romper objetos, especialmente las posesiones de la mujer, maltratar a las mascotas, o enseñándole armas (de fuego o arma blanca, también según el país).

El objetivo es por supuesto que la víctima viva en un estado de terror perpetuo que la bloquee y le impida rebelarse, como bien saben todos los dictadores del mundo.

Maltrato emocional

«Me dejaba en ridículo delante de los amigos, diciendo que era una inútil, que no sabía hacer nada, y después lo daba la vuelta, me hacía sentir que era culpa mía, que yo lo había provocado al tirar un vaso o cualquier otra tontería, o negaba haberme insultado».

El maltrato emocional («abuso» en una mala traducción) adopta muchas formas, algunas de ellas muy perversas o incluso aparentemente inocuas «es que es verdad, siempre tiras las cosas», «mucho título pero no sabes llevar la casa» que van calando en la maltratada, hasta el punto que llega a creerse esas palabras y dudar de sí misma, como sucede con el archiconocido «luz de gas» (recordemos que la película original en la que se acuñó el término es de 1944; aunque los millenials crean que lo han descubierto ellos, no hay casi nada nuevo bajo el sol cuando hablamos de violencia machista).

Aislamiento

«Poco a poco me fue apartando de mi familia, decía que no me querían bien, que él era toda la familia que yo necesito». «Tenía que hacer una videollamada si salía más tarde del trabajo para que viera que estaba de verdad en el curro». «Me obligó a darle las claves de mi Instagram y TikTok y revisaba a conciencia cada cosa que subía, quién daba “Me gusta” y bloqueaba a quien no le parecía bien».

El maltratador controla lo que hace la mujer, con quién se relaciona, en la vida real y en las redes sociales, adónde va, incluso sus lecturas. Llega a limitar sus movimientos fuera de casa, y además justifica sus acciones por los celos «ya sabes cómo soy, por qué te empeñas en querer salir con otras personas».

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Minimizar, negar y culpar

«Me decía que eso no era maltratarme, que solo decía la verdad cuando me humillaba y me insultaba, porque soy una inútil». «Si es que me estás provocando era su frase favorita».

El agresor insiste una y otra vez en negar el maltrato o quitarle hierro «de qué te quejas, solo ha sido un golpecito, nada fuerte», asegurar que ella es la causa y trasladar su responsabilidad. Se presenta (y muchas veces extiende esta presunción al colectivo masculino de «los hombres de verdad») como un auténtico saco de hormonas que reacciona de forma visceral ante esas supuestas provocaciones, sin ninguna capacidad de reflexionar.

Por desgracia, encontramos estas justificaciones en sectores muy amplios de la sociedad, a veces arropadas por un manto paternalista «es por su bien, pobrecita» que deja entrever la consideración de las mujeres como seres débiles, claramente diferentes de los hombres, necesitados de protección por su propio bien incluso.

Manipular a los hijos/as

Desde las versiones casi risibles a las que nos han acostumbrado las telecomedias («Dile a tu madre que me pase la sal») hasta los casos más extremos de violencia vicaria que causa la muerte de los hijos para hacer daño a la madre, es obvio que los maltratadores saben dar dónde duele. Hacer que la mujer se sienta culpable por los hijos, amenazar «con quitárselos», aprovechar las visitas para acosar y manipularlos son actos desgraciadamente frecuentes, que incluso han recibido la colaboración de una parte del estamento psiquiátrico (síndrome de alienación parental, afortunadamente ya desacreditado).

Privilegio masculino

«En su tiempo libre él escribe artículos que le pagan, así que es normal que sea yo quien se encargue de todas las tareas domésticas al volver del trabajo». «Decía que yo era su mujer, que para él significaba su sirvienta».

El hombre define los roles -perpetuos, inamovibles- del hombre y la mujer, y exige que se cumplan al pie de la letra, actuando como el señor (feudal) del castillo, imponiendo su ley. Y si esto parece cosa del pasado, como muestran estos ejemplos desgarradores del refranero español («La mujer, en la casa y con la pata quebrada», «Donde hay barbas, callen faldas»), pensemos en el advenimiento del movimiento tradwife y la llegada al debate público de creencias y actitudes que creíamos superadas sobre la división de tareas en el hogar, el cuidado de los hijos, la carrera profesional etc.

Violencia económica

La noticia que abre este texto pone de relieve otra de las formas más frecuentes de violencia sobre la mujer, en sus diversas variantes: asignarle una cantidad mensual (como la propina de los niños), dejarla en la ignorancia acerca de los ingresos familiares, impidiendo su acceso a las cuentas, obligarle a pedir dinero, no dejar que trabaje, y hasta solicitar créditos a su nombre que la mujer tiene que devolver años después de haberse divorciado, con la consiguiente merma económica.

Incluso llama la atención que los maltratadores se olvidan de a quién está destinada la pensión de alimentos, utilizando su impago como arma para conseguir sus deseos.

Coerción y amenazas

«Me dijo que si volvía a ponerme esa falda para ir a clase me la quitaría» «Ayer recibí un whatsapp suyo, si le dejo se matará, cómo voy a hacer eso». «Si no retiras la denuncia mato a tu perro». Amenazas de hacer daño, dejarla, matarla, avisar a Servicios Sociales, obligar a retirar denuncias o a cometer delitos, todo vale para el agresor, incluida la amenaza de suicidarse dirigida a inducir culpabilidad en la mujer.

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Con este último apartado hemos recorrido toda la rueda. Me gustaría insistir en que la llanta de la rueda la constituyen la violencia física y sexual, de las que no me he ocupado en estas líneas, por ser (en teoría) las formas de violencia más fáciles de reconocer. Y terminar con una aclaración: todas las frases entrecomilladas que salpican el texto no son fruto de mi imaginación, sino que las he oído en consulta a lo largo de mis más de 25 años como psiquiatra (y nunca he trabajado en centros específicos de ayuda a víctimas de violencia machista), visto en medios de comunicación generalistas y escuchado en mi vida personal.

En el próximo artículo hablaré de un trabajo del mismo grupo (Duluth, DAIP) que representa el contrapunto a esta rueda, la rueda de la igualdad, en la que contraponen los comportamientos explicados con otros que demuestran una auténtica igualdad en la relación de pareja.

Sobre la autora

Alicia Fraile es psiquiatra en SINEWS con más de 20 años de experiencia en psiquiatría clínica general. Ha trabajado en daño cerebral, Centros de Salud Mental, psiquiatría laboral, accidentes de trabajo y su repercusión en psiquiatría (trastorno de estrés postraumático, trastornos adaptativos), pacientes con problemas de salud crónicos y por supuesto con los cuadros más frecuentes de nuestro campo: ansiedad, depresión, insomnio, trastorno obsesivo-compulsivo.

Foto de Darina Belonogova: https://www.pexels.com/es-es/foto/persona-mujer-cama-sentado-7208920/
Foto de Liza Summer: https://www.pexels.com/es-es/foto/mujer-en-camisa-de-manga-larga-beige-6383201/

Alicia Fraile Martin
Departamento Médico
Alicia Fraile Martín
Médico especialista en Psiquiatría
Adultos
Idiomas de trabajo: Español e inglés
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